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viernes, 14 de octubre de 2016

Teresa, la de Ávila

Influencia de santa Teresa en el modo de escribir del fundador del Opus Dei, en varios puntos de Camino en los que cita a la santa de Ávila. 

Voluntad. —Energía. —Ejemplo. —Lo que hay que hacer, se hace... Sin vacilar... Sin
François Gérard.
miramientos... Sin esto, ni Cisneros hubiera sido Cisneros; ni Teresa de Ahumada, Santa Teresa...; ni Iñigo de Loyola, San Ignacio... ¡Dios y audacia! —"Regnare Christum volumus!" 
Camino, 11. 

Hombre libre, sujétate a voluntaria servidumbre para que Jesús no tenga que decir por ti aquello que cuentan que dijo por otros a la Madre Teresa: "Teresa, yo quise... Pero los hombres no han querido". Camino, 761 

Niño audaz, grita: ¡Qué amor el de Teresa! —¡Qué celo el de Xavier! —¡Qué varón más admirable San Pablo! —¡Ah, Jesús, pues yo... te quiero más que Pablo, Xavier y Teresa! 
Camino, 874.

No pidas a Jesús perdón tan sólo de tus culpas: no le ames con tu corazón solamente... Desagráviale por todas las ofensas que le han hecho, le hacen y le harán..., ámale con toda la fuerza de todos los corazones de todos los hombres que más le hayan querido. Sé audaz: dile que estás más loco por El que María Magdalena, más que Teresa y Teresita..., más chiflado que Agustín y Domingo y Francisco, más que Ignacio y Javier. 
Camino, 402.

De San José dice Santa Teresa, en el libro de su vida: "Quien no hallare Maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro, y no errará en el camino". —El consejo viene de alma experimentada. Síguelo
Camino, 561.

Una mala noche, en una mala posada. —Así dicen que definió esta vida terrena la Madre Teresa de Jesús. —¿No es verdad que es comparación certera? 
Camino, 703 

Despacio. —Mira qué dices, quién lo dice y a quién. —Porque ese hablar de prisa, sin lugar para la consideración, es ruido, golpeteo de latas. Y te diré con Santa Teresa, que no lo llamo oración, aunque mucho menees los labios. 
Camino, 85.

jueves, 6 de octubre de 2016

Dejar obrar a Dios

Artículo del cardenal Ratzinger, publicado en el diario L'Osservatore Romano el 6-X-2002, con ocasión de la canonización de Josemaría Escrivá.


Siempre me ha llamado la atención el sentido que Josemaría Escrivá daba al nombre Opus Dei; una interpretación que podríamos llamar biográfica y que permite entender al fundador en su fisonomía espiritual. Escrivá sabía que debía fundar algo, y a la vez estaba convencido de que ese algo no era obra suya: él no había inventado nada: sencillamente el Señor se había servido de él y, en consecuencia, aquello no era su obra, sino la Obra de Dios. Él era solamente un instrumento a través del cual Dios había actuado.

Al considerar esta actitud me vienen a la mente las palabras del Señor recogidas en el evangelio de San Juan 5,17: “Mi Padre obra siempre”. Son palabras pronunciadas por Jesús en el curso de una discusión con algunos especialistas de la religión que no querían reconocer que Dios puede trabajar en el día del sábado. Un debate todavía abierto y actual, en cierto modo, entre los hombres –también cristianos- de nuestro tiempo. Algunos piensan que Dios, después de la creación, se ha “retirado” y ya no muestra interés alguno por nuestros asuntos de cada día. Según este modo de pensar, Dios no podría intervenir en el tejido de nuestra vida cotidiana; sin embargo, las palabras de Jesucristo nos indican mas bien lo contrario. Un hombre abierto a la presencia de Dios se da cuenta de que Dios obra siempre y de que también actúa hoy; por eso debemos dejarle entrar y facilitarle que obre en nosotros. Es así como nacen las cosas que abren el futuro y renuevan la humanidad.

San Josemaría retratado por Leonardo Luque

Todo esto nos ayuda a comprender por qué Josemaría Escrivá no se consideraba “fundador” de nada, y por qué se veía solamente como un hombre que quiere cumplir una voluntad de Dios, secundar esa acción, la obra –en efecto- de Dios. En este sentido, constituye para mí un mensaje de gran importancia el teocentrismo de Escrivá de Balaguer: está en coherencia con las palabras de Jesús esa confianza en que Dios no se ha retirado del mundo, porque está actuando constantemente; y en que a nosotros nos corresponde solamente ponernos a su disposición, estar disponibles, siendo capaces de responder a su llamada. Es un mensaje que ayuda también a superar lo que puede considerarse como la gran tentación de nuestro tiempo: la pretensión de pensar que después del big bang, Dios se ha retirado de la historia. La acción de Dios no “se ha parado” en el momento del big bang, sino que continúa en el curso del tiempo, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de los hombres.

El fundador de la Obra decía: yo no he inventado nada; es Otro quien lo ha hecho todo; yo he procurado estar disponible y servirle como instrumento. La palabra y toda la realidad que llamamos Opus Dei está profundamente ensamblada con la vida interior del Fundador, que aun procurando ser muy discreto en este punto, da a entender que permanecía en diálogo constante, en contacto real con Aquél que nos ha creado y obra por nosotros y con nosotros. De Moisés se dice en el libro del Éxodo (33,11) que Dios hablaba con él “cara a cara, como un amigo habla con un amigo”. Me parece que, si bien el velo de la discreción esconde algunas pequeñas señales, hay fundamento suficiente para poder aplicar muy bien a Josemaría Escrivá eso de “hablar como un amigo habla con un amigo”, que abre las puertas del mundo para que Dios pueda hacerse presente, obrar y transformar todo.


 
En esta perspectiva se comprende mejor qué significa santidad y vocación universal a la santidad. Conociendo un poco la historia de los santos, sabiendo que en los procesos de canonización se busca la virtud “heroica” podemos tener, casi inevitablemente, un concepto equivocado de la santidad porque tendemos a pensar: “esto no es para mí”; “yo no me siento capaz de practicar virtudes heroicas”; “es un ideal demasiado alto para mí”. En ese caso la santidad estaría reservada para algunos “grandes” de quienes vemos sus imágenes en los altares y que son muy diferentes a nosotros, normales pecadores. Esa sería una idea totalmente equivocada de la santidad, una concepción errónea que ha sido corregida – y esto me parece un punto central- precisamente por Josemaría Escrivá.

Virtud heroica no quiere decir que el santo sea una especie de “gimnasta” de la santidad, que realiza unos ejercicios inasequibles para las personas normales. Quiere decir, por el contrario, que en la vida de un hombre se revela la presencia de Dios, y queda más patente todo lo que el hombre no es capaz de hacer por sí mismo. Quizá, en el fondo, se trate de una cuestión terminológica, porque el adjetivo “heroico” ha sido con frecuencia mal interpretado. Virtud heroica no significa exactamente que uno hace cosas grandes por sí mismo, sino que en su vida aparecen realidades que no ha hecho él, porque él sólo ha estado disponible para dejar que Dios actuara. Con otras palabras, ser santo no es otra cosa que hablar con Dios como un amigo habla con el amigo. Esto es la santidad.

Paul Alexandre Alfred Leroy: Jesús en casa de Marta y María.

Ser santo no comporta ser superior a los demás; por el contrario, el santo puede ser muy débil, y contar con numerosos errores en su vida. La santidad es el contacto profundo con Dios: es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el Único que puede hacer realmente que este mundo sea bueno y feliz. Cuando Josemaría Escrivá habla de que todos los hombres estamos llamados a ser santos, me parece que en el fondo está refiriéndose a su personal experiencia, porque nunca hizo por sí mismo cosas increíbles, sino que se limitó a dejar obrar a Dios. Y por eso ha nacido una gran renovación, una fuerza de bien en el mundo, aunque permanezcan presentes todas las debilidades humanas.

Verdaderamente todos somos capaces, todos estamos llamados a abrirnos a esa amistad con Dios, a no soltarnos de sus manos, a no cansarnos de volver y retornar al Señor hablando con Él como se habla con un amigo sabiendo, con certeza, que el Señor es el verdadero amigo de todos, también de todos los que no son capaces de hacer por sí mismos cosas grandes.

Por todo esto he comprendido mejor la fisonomía del Opus Dei: la fuerte trabazón que existe entre una absoluta fidelidad a la gran tradición de la Iglesia, a su fe, con desarmante simplicidad, y la apertura incondicionada a todos los desafíos de este mundo, sea en el ámbito académico, en el del trabajo ordinario, en la economía, etc. Quien tiene esta vinculación con Dios, quien mantiene un coloquio ininterrumpido con Él, puede atreverse a responder a nuevos desafíos, y no tiene miedo; porque quien está en las manos de Dios, cae siempre en las manos de Dios. Es así como desaparece el miedo y nace la valentía de responder a los retos del mundo de hoy.

sábado, 28 de noviembre de 2015

12 consejos para conseguir la PAZ

1. Santa María es —así la invoca la Iglesia— la Reina de la paz. Por eso, cuando se «Regina pacis, ora pro nobis!» —Reina de la paz, ¡ruega por nosotros! ¿Has probado, al menos, cuando pierdes la tranquilidad?... 
alborota tu alma, el ambiente familiar o el profesional, la convivencia en la sociedad o entre los pueblos, no ceses de aclamarla con ese título:
—Te sorprenderás de su inmediata eficacia. 
(San Josemaría. Surco, 874).

2. Fomenta, en tu alma y en tu corazón —en tu inteligencia y en tu querer—, el espíritu de confianza y de abandono en la amorosa Voluntad del Padre celestial... —De ahí nace la paz interior que ansías. (San Josemaría. Surco, 850) .

3. Un remedio contra esas inquietudes tuyas: tener paciencia, rectitud de intención, y mirar las cosas con perspectiva sobrenatural. (San Josemaría. Surco, 853).

4. Aleja enseguida de ti —¡si Dios está contigo!— el temor y la perturbación de espíritu...: evita de raíz esas reacciones, pues sólo sirven para multiplicar las tentaciones y acrecentar el peligro. (San Josemaría. Surco, 854).

5. Aunque todo se hunda y se acabe, aunque los acontecimientos sucedan al revés de lo previsto, con tremenda adversidad, nada se gana turbándose. Además, recuerda la oración confiada del profeta: “el Señor es nuestro Juez, el Señor es nuestro Legislador, el Señor es nuestro Rey; El es quien nos ha de salvar”. —Rézala devotamente, a diario, para acomodar tu conducta a los designios de la Providencia, que nos gobierna para nuestro bien. (San Josemaría. Surco, 855).

6. Si —por tener fija la mirada en Dios— sabes mantenerte sereno ante las preocupaciones, si aprendes a olvidar las pequeñeces, los rencores y las envidias, te ahorrarás la pérdida de muchas energías, que te hacen falta para trabajar con eficacia, en servicio de los hombres. (San Josemaría. Surco, 856).

7. Cuando te abandones de verdad en el Señor, aprenderás a contentarte con lo que venga, y a no perder la serenidad, si las tareas —a pesar de haber puesto todo tu empeño y los medios oportunos— no salen a tu gusto... Porque habrán “salido” como le conviene a Dios que salgan. (San Josemaría. Surco, 860).

8. Cuando se está a oscuras, cegada e inquieta el alma, hemos de acudir, como Bartimeo, a la Luz. Repite, grita, insiste con más fuerza, «Domine, ut videam!» —¡Señor, que vea!... Y se hará el día para tus ojos, y podrás gozar con la luminaria que Él te concederá. 
(San Josemaría. Surco, 862)

9. Lucha contra las asperezas de tu carácter, contra tus egoísmos, contra tu comodidad, contra tus antipatías... Además de que hemos de ser corredentores, el premio que recibirás —piénsalo bien— guardará relación directísima con la siembra que hayas hecho. (San Josemaría. Surco, 863).

10. Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien. No se trata de campañas negativas, ni de ser antinada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz; ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen. —Pero comprensión no significa abstencionismo, ni indiferencia, sino actividad. Surco, 864).

11. Por caridad cristiana y por elegancia humana, debes esforzarte en no crear un abismo con nadie..., en dejar siempre una salida al prójimo, para que no se aleje aún más de la Verdad. (San Josemaría. Surco, 865)

12. Paradoja: desde que me decidí a seguir el consejo del Salmo: “arroja sobre el Señor tus preocupaciones, y Él te sostendrá”, cada día tengo menos preocupaciones en la cabeza... Y a la vez, con el trabajo oportuno, se resuelve todo, ¡con más claridad! 
(San Josemaría. Surco, 873).

viernes, 26 de junio de 2015

Surcos abrió el Amor


Trabajar por amor 

Artículo de Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei en El Mundo, con motivo del 40 aniversario de la marcha al Cielo de san Josemaría Escrivá de Balaguer


La nueva encíclica del Santo Padre Francisco enlaza con las páginas iniciales de la Sagrada Escritura: Dios formó al ser humano —hombre y mujer— y lo colocó en el jardín de Edén para que lo trabajara y lo guardara (Génesis 2, 15). Luego hizo desfilar a todos los animales y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba (Génesis 2, 19). Era un acto de amor por parte de Dios, un modo de expresar su confianza en cada ser humano, a quienes encomendaba la tarea de desarrollar las potencialidades que Él mismo había puesto en las criaturas.

Cada uno de nosotros es guardián y custodio de la creación. Como nos recuerda el Papa, Dios colocó al ser humano en ese jardín no sólo para cuidar lo existente, sino para que produzca frutos con su tarea de labranza, con su trabajo: “la intervención humana que procura el prudente desarrollo de lo creado –afirma Franciscoes la forma más adecuada de cuidarlo, porque implica situarse como instrumento de Dios para ayudar a brotar las potencialidades que él mismo colocó en las cosas” (Laudato si’, 124). 

San Josemaría
Si la humanidad se esfuerza en acoger el designio creador, cualquier tarea humana noble podrá convertirse en instrumento para el progreso del mundo y la dignificación de la persona.
La clave está en trabajar acabadamente bien, con el deseo de servir a los demás, por amor a Dios y al prójimo. Ciertamente intervienen otras motivaciones como la necesidad de mantenerse y mantener a la propia familia, el afán generoso de ayudar a personas necesitadas, el deseo de adquirir perfección humana en una actividad concreta, etc.; pero la llamada del Papa nos recuerda que la meta es aún más elevada: colaborar en cierto modo con Dios en la redención de la humanidad. 

Justamente ahora se celebra el 40 aniversario del fallecimiento de san Josemaría Escrivá de Balaguer, este santo sacerdote –fundador del Opus Dei– que proclamó al mundo entero el valor evangélico del trabajo realizado por amor. Soy testigo de cómo san Josemaría procuró vivir su predicación sobre el trabajo en primera persona, hasta el final de su caminar terreno.
El gran privilegio del hombre es poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo transitorio”, escribía en un volumen titulado Es Cristo que pasa. Por eso –añadía– “el hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor. Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor, de nuestro esfuerzo. El trabajo es así oración, acción de gracias, porque nos sabemos colocados por Dios en la tierra, amados por Él, herederos de sus promesas”.
El trabajo, según se oriente, tiene la capacidad de destruir o de conferir dignidad a las personas, de cuidar o desfigurar la naturaleza, de prestar u omitir el servicio debido a nuestro prójimo. 

Bien comprende el valor de dignificación del trabajo quien sufre el desempleo y experimenta la angustia de la falta de ingresos económicos. Por este motivo, las personas que padecen el desempleo son una intención constante en las oraciones y preocupaciones del cristiano. Como afirma el Papa, ayudar a los pobres o a los desempleados con dinero “debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias”. El gran objetivo, en cambio, “debería ser permitirles una vida digna a través del trabajo” (Laudato si, 128). Del mismo modo, la encíclica nos recuerda que “dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad” (id.).
Benedicto XVI definió al cristiano como “un corazón que ve”. En el trabajo, la eficacia económica será sin duda un criterio, pero no el único: el cristiano pone el corazón en su trabajo porque así lo hizo Cristo, y se empeña por hacer de esa dedicación un servicio a los otros, que es también alabanza al Creador. Sólo el trabajo entendido como servicio, el trabajo que pone en el centro al hombre, el trabajo que se realiza por amor a Dios, es capaz de abrir horizontes para la felicidad terrena y eterna de las mujeres y de los hombres de nuestro tiempo. 

Javier Echevarría 
Prelado del Opus Dei

sábado, 21 de junio de 2014

Jesús sacramentado

Jan Van Eyck (1390-1441): Adoración del cordero místico.

"Este es mi Cuerpo...", y Jesús se inmoló, ocultándose bajo las especies de pan. Ahora está allí, con su Carne y con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad: lo mismo que el día en el que Tomás metió los dedos en sus Llagas gloriosas. Sin embargo, en tantas ocasiones, tú cruzas de largo, sin esbozar ni un breve saludo de simple cortesía, como haces con cualquier persona conocida que encuentras al paso. 
–¡Tienes bastante menos fe que Tomás

(San Josemaría. Surco, 684).


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Ella arreglará todo

Era el 1 de mayo de 1970 cuando san Josemaría anunció su deseo de cruzar el Atlántico para postrarse a los pies de Santa María de Guadalupe. Recordando las circunstancias de aquel arranque de cariño filial a la Virgen, Monseñor Echevarría –que le acompañó en el viaje– escribía veinticinco años después: 
Me atrevería a asegurar –se lo oí en varias ocasiones– que Nuestra Señora le obligó a emprender aquella romería penitente, porque deseaba que allí, a los pies de esa imagen morena, pidiese su intercesión en favor del mundo, de la Iglesia, y de esta pequeña porción de la Iglesia, que es el Opus Dei. 
El 15 de mayo, de madrugada, san Josemaría llegó a la Ciudad de México. He venido a ver a la Virgen de Guadalupe, y de paso a veros a vosotros , anunció a sus hijos en los primeros saludos.
Al día siguiente, 16 de mayo, sin esperar siquiera a aclimatarse al cambio de altura y horario, fue a la basílica y comenzó su novena que duró hasta el 24. 

Mónica Salazar Orozco
El primer día permaneció arrodillado en el presbiterio, durante más de hora y media. Con la mirada fija en el cuadro de la Virgen de Guadalupe, elevó una oración intensísima a Nuestra Madre, en la que con toda confianza le decía Monstra te esse Matrem! Muestra que eres Madre (...) Si un hijo pequeño le pidiera esto a su madre, es seguro que no habría madre que no se conmoviera (...) Escúchanos: ¡yo sé que lo harás!
En los siguientes días, pudo ocupar una tribuna lateral desde la que era posible rezar a muy poca distancia de la imagen, sin llamar la atención. 

El último día de la novena, oración por los cinco continentes El 24 de mayo de 1970, que cayó en domingo, llegó a la Villa de Guadalupe a las 16.40 de la tarde. Antes de subir a la tribuna fue, como siempre, a saludar al Santísimo Sacramento.

Ya en la tribuna, comenzó enseguida a hablar con la Virgen, reanudando las tertulias –así se expresaba san Josemaría– que estaba teniendo por aquellos días con Nuestra Señora de Guadalupe

Me faltan las palabras para demostrarte mi alegría, tan grande, de estar junto a ti, Señora. Hijos míos, yo quiero —poniéndoos por testigos delante de Dios— decirle a Ella —que es nuestra Madre, y de la que nos sentimos orgullosos de ser hijos suyos— que he venido aquí porque, más aún en estos meses, le pido que no abandone a su Iglesia y que no nos abandone. Ya sé que no puede dejarnos, pero le insisto en que acorte el tiempo de la prueba, la tempestad que azota a la Barca de Pedro. Y acudo muy especialmente y con continuidad a su intercesión, porque confío en Ella con todas las fuerzas de mi alma. 
Por las manos de la Virgen, sirviéndome de su Omnipotencia suplicante, necesito decir también a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo que me pongo ante la Trinidad Beatísima con entera sumisión, con una entrega sin reservas; y repito —haciendo una oración sincera— la aceptación de la Voluntad de Dios que Ella manifestó con su fiat! Por eso, me marcharé de aquí dando gracias. 

¡Señora, me entrego, me entrego totalmente: ya no pido! ¡Amo la Voluntad de tu Hijo! Nos abandonamos, descansamos, amamos y aceptamos sus designios, acatando en pleno la Voluntad de Dios

Sabemos, Madre nuestra, que nos darás los medios para sacar adelante este camino de caridad y de amor, y para extenderlo por todo el mundo.

(...) Hemos mantenido estas tertulias tan cerca de tu imagen: ¡nueve días de intensa conversación filial contigo! Y hoy, una vez más, siempre con más amor y confianza, nosotros queremos presentarte la Iglesia; queremos, por tanto, presentarle a estos hijos e hijas tuyos del Opus Dei, que no buscan nada para sí mismos, que no alimentan ninguna ambición personal para su propio yo, porque están convencidos a fondo de que nuestro hogar es el tuyo, en el que se vive única y exclusivamente para Dios. ¡Míralos a todos y a todas, Señora!, ¡mírame a mí!, aunque estoy bien persuadido de que no soy digno ni de una miradica tuya. Pero, ne respicias peccata mea, sed fidem eorum! No mires mis miserias, que son tantas y de las que me duelo y avergüenzo y pido perdón. Mira a mis hijos, mira a mis hijas; mira cómo te aman con este fuego perenne de entrega, donde no hay motivos humanos.
¡No perseguimos ningún fin humano en nuestra entrega!: nos hemos entregado porque tu Hijo ha sido Quien nos lo ha pedido. ¡Virgen Santísima, protege a la Iglesia, salva a la Iglesia! (…) Y, a partir de ahora, no te sugiero nada. Me he atrevido a plantearte las cosas hasta aquí, pero siempre bajando la cabeza, porque soy un trapo sucio, aunque pienso que siempre he procurado moverme amando a toda hora la Sabiduría y la Voluntad de la Trinidad Beatísima.
Aún prolongó san Josemaría su oración en voz alta durante largo rato, con actos de amor a Dios y de abandono en la Voluntad divina, con acciones de gracias y actos de desagravio, con peticiones ardientes. Luego comenzó a rezar, con los demás, los quince misterios del Rosario: despacio, saboreando las escenas y las palabras.

Antes de comenzar los misterios gloriosos, dijo:
—Ofreceremos el primero por la paz y la tranquilidad de Europa, de ese Continente en el que muchas naciones están bajo el comunismo.
No quiero guerras, y así te lo suplico, Madre nuestra, Reina de cielos y tierra. No quiero guerras, porque es el mayor flagelo que Dios puede permitir. (...) En Europa falta paz: la paz para poder amar libremente a Dios. Señora, te insisto en mi súplica para que llegue la paz de Cristo a todas las naciones.
Al terminar el primer misterio, san Josemaría dijo en voz alta:
—Ofreceremos el segundo misterio a la Virgen de Guadalupe, pidiendo con muchísima fe y con muchísima esperanza que lleve la libertad y la paz de Cristo a los pueblos de Asia. 

Me viene a la cabeza esa gran nación —grande por tantos motivos—: China (...) Rezo para que la semilla que han sembrado tantos y tantos, y la sangre y sufrimientos de muchos, vuelvan a dar frutos cuanto antes. Vamos a amar a ese pueblo y a todas las gentes de Asia, y vamos a pedir a la Madre de Dios que haga entrar a esa humanidad por la luz de la paz de su Hijo...
 El tercer misterio fue ofrecido por el Continente africano.
—Hijos míos, ahora África. Roguemos al Señor que quiera dar paz y libertad cristianas a África. Mirad que aquella tierra es una carga poderosísima de vitalidad (...). Debemos sentir muy hondo que es preciso que esos hermanos nuestros conozcan a Cristo y le amen...

Al terminar el rezo del tercer misterio, añadió:
—Ofreceremos la próxima decena del Santo Rosario para que Nuestra Señora, Nuestra Madre de Guadalupe, obtenga la paz para los pueblos de América, donde muchos se empeñan en que sea en cambio un nido de constante revolución.
Aquí, ante tu imagen, yo quiero dejar como un testamento a mis hijos de México: con tu intercesión, están obligados a llevar la semilla divina de tu Hijo, a trabajar con amor de Dios y por amor de Dios, desde el norte, ¡norte!, de este continente hasta la Tierra del Fuego.
Poco rato antes, en otro de los misterios del Rosario, el fundador del Opus Dei había rezado especialmente por México con las siguientes palabras:
—Deseo ahora pedir por México: por el pueblo, por la Jerarquía eclesiástica, por los sacerdotes -seculares o no-, por las autoridades civiles. Suplico a Nuestra Señora que proteja la estabilidad de este país (...).
Rezo por los que nos ayudan de una manera o de otra en la tarea apostólica. Rezo por los que no nos quieren, si los hay; rezo para que se den cuenta de que sólo queremos servir a todas las almas, con el fin de lograr que en el mundo entero únicamente haya una raza: la raza de los hijos de Dios.
Llegó por fin el quinto misterio glorioso:
—Esta última decena la ofrecemos por los pueblos de Oceanía, donde hay tan pocos católicos y poquísimo clero: ¡tantas islas...! (...) Sentimos la necesidad de acudir en su ayuda, porque nos interesan las almas de todo el mundo, y porque faltan brazos para atenderlas. No nos quedamos deprimidos ante esa desolación. La tarea apostólica y humana es ciertamente grande, pero contamos con el mandato imperativo de Dios y con la intercesión de Nuestra Señora, que es la Reina de la Victoria.
Nos acogemos a la protección de Santa María, porque bien seguros podemos estar de que cada uno de nosotros, en su propio estado —sacerdote o laico, soltero, casado o viudo—, si es fiel en el cumplimiento diario de sus obligaciones, alcanzará la victoria en esta tierra, la victoria de ser leales al Señor; llegaremos después al Cielo y gozaremos para siempre de la amistad y del amor de Dios, con Santa María.
 La novena ante la Virgen de Guadalupe llegaba a su fin. Eran ya las seis y media de la tarde.
—Hijos míos, antes de comenzar las tres Avemarías invocándole como Hija, Madre, y Esposa de Dios, y antes de seguir con las letanías, quiero agradecer vivamente a mi Madre Santísima del Cielo la alegría inmensa de estas horas de tertulia que hemos pasado en su compañía, con la imagen suya tan cerca. Y deseo decirle que me cuesta arrancar: ¡han sido unos días tan humanos y tan sobrenaturales! Además, hoy terminamos pronunciando abandonadamente un fiat!, porque no abandonas a tus hijos.
Repetid conmigo, cada uno en el fondo de su corazón, con alegría y con paz: hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios sobre todas las cosas. Amén. Amén. Amén.

Santa María de Guadalupe, Asiento de la Sabiduría, Esperanza nuestra, ¡ruega por nosotros!
http://www.es.josemariaescriva.info

domingo, 8 de diciembre de 2013

Inmaculada Concepción de María

En 1854 el Papa Pío IX, declaró solemnemente la Inmaculada Concepción de la Virgen, que celebramos cada 8 de diciembre. Esto significa que fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original desde el primer instante de su concepción -por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente- en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano. 

El ángel Gabriel, entrando en su presencia, dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor esta contigo". (Lc, 1,28).

Arthur Hacker (1858 - 1919): La Anunciación.
Busca a Dios en el fondo de tu corazón limpio, puro; en el fondo de tu alma cuando le eres fiel, ¡y no pierdas nunca esa intimidad! -Y, si alguna vez no sabes cómo hablarle, ni qué decir, o no te atreves a buscar a Jesús dentro de ti, acude a María, "tota pulchra" -toda pura, maravillosa-, para confiarle: Señora, Madre nuestra, el Señor ha querido que fueras tú, con tus manos, quien cuidara a Dios: ¡enséñame -enséñanos a todos- a tratar a tu Hijo!
(San Josemaría, Forja, 84)

Me conmovió la súplica encendida que salió de tus labios: “Dios mío: sólo deseo ser agradable a tus ojos: todo lo demás no me importa. 
-Madre Inmaculada, haz que me mueva exclusivamente el Amor”.
(San Josemaría, Forja, 1028)

Adolfo de Carolis
¡Cómo gusta a los hombres que les recuerden su parentesco con personajes de la literatura, de la política, de la milicia, de la Iglesia!... —Canta ante la Virgen Inmaculada, recordándole: Dios te salve, María, Hija de Dios Padre: Dios te salve María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve María, Esposa de Dios Espíritu Santo... ¡Más que tú, sólo Dios!
(San Josemaría, Camino, 496)

Cuando te veas con el corazón seco, sin saber qué decir, acude con confianza a la Virgen. Dile: Madre mía Inmaculada, interceded por mí
Si la invocas con fe, Ella te hará gustar —en medio de esa sequedad— de la cercanía de Dios
(San Josemaría. Surco, 695)


Permíteme un consejo, para que lo pongas en práctica a diario. Cuando el corazón te haga notar sus bajas tendencias, reza despacio a la Virgen Inmaculada: ¡mírame con compasión, no me dejes, Madre mía! -Y aconséjalo a otros.
(San Josemaría. Surco, 849)

El Greco: Inmaculada.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Amar a María


Juan Antonio Frías y Escalante, (1633 - 1670): Inmaculada, 1663. Museo Bellas Artes de Budapest.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Conviene que Él reine

Fernando Gallego, (1466-1507).
"¡Qué grande eres, Señor y Dios nuestro! Tú eres el que pones en nuestra vida el sentido sobrenatural y la eficacia divina. Tú eres la causa de que, por amor de tu Hijo, con todas las fuerzas de nuestro ser, con el alma y con el cuerpo podamos repetir: oportet illum regnare!, mientras resuena la copla de nuestra debilidad, porque sabes que somos criaturas —¡y qué criaturas!— hechas de barro, no sólo en los pies, también en el corazón y en la cabeza. A lo divino, vibraremos exclusivamente por ti. 

Cristo debe reinar, antes que nada, en nuestra alma. Pero qué responderíamos, si El preguntase: tú, ¿cómo me dejas reinar en ti? Yo le contestaría que, para que El reine en mí, necesito su gracia abundante: únicamente así hasta el último latido, hasta la última respiración, hasta la mirada menos intensa, hasta la palabra más corriente, hasta la sensación más elemental se traducirán en un hosanna a mi Cristo Rey".

(San Josemaría, Es Cristo que pasa, nº 181)

sábado, 9 de noviembre de 2013

San Josemaría y la Virgen de la Almudena



Durante los años treinta era frecuente que san Josemaría se detuviera para orar de rodillas frente a la imagen de la Virgen de la Almudena, Patrona de Madrid, que se encuentra en un nicho dentro de la muralla, al final de la calle Mayor. Era una manifestación de su amor a la Virgen y de su espíritu de
contemplación constante. Enseñaba a ser, en palabras suyas, “contemplativos en medio de la calle”.

¿Por qué se llama “Almudena”? 

El nombre Almudena proviene de Almudaina, que en árabe significa almacén de trigo. Evoca un almacén próximo al lugar donde estaba escondida la imagen. La tradición cuenta que cuando los musulmanes estaban a punto de entrar en Madrid, los cristianos de la ciudad escondieron una estatua de la Virgen en la muralla para que no fuera profanada; y que al reconquistar la Villa el rey cristiano Alfonso VI, se desmoronó milagrosamente la muralla y quedó al descubierto la imagen de la Virgen

La catedral de la Almudena 

Esta catedral cuenta con una larga historia. En 1663, reinando Felipe IV, se puso la primera piedra. Dos siglos más tarde, a finales del XIX, el rey Alfonso XII encargó este proyecto al Marqués de Cubas con el deseo de que se enterrara allí a su primera esposa, fallecida prematuramente, Mercedes de Orleans. Sin embargo, el proyecto quedó interrumpido durante la mitad del siglo XX. En 1950 se construyeron algunos muros y quedó paralizado de nuevo hasta el 15 de junio de 1993, cuando el Papa Juan Pablo II consagró esta catedral.  
Mercedes de Orleans fue enterrada por fin en esta catedral, bajo la Virgen de la Almudena, en noviembre del año 2000. 

San Josemaría Escrivá en la catedral de la Almudena 

En el interior de la catedral, hay una capilla dedicada a san Josemaría Escrivá.
El escultor de la imagen y los altorrelieves, Venancio Blanco, explicaba: 
"No conocí personalmente al Padre, pero tuve oportunidad de profundizar en su persona y en su obra a través del proyecto escultórico que se me encargó con destino a la capilla a él dedicada en la Catedral de la Almudena de Madrid. Cuando se me propuso, fui consciente de la dificultad y la responsabilidad que ello entrañaba. Josemaría Escrivá de Balaguer entendía la libertad como el mejor camino para servir a Dios, y con ella consiguió cuanto se propuso realizar. Fundida en bronce, la pieza ocupa el centro de la Capilla. He pretendido reflejar en ella los profundos valores que san Josemaría encarnó en su vida, así como su gran humanidad y honda espiritualidad (...). He querido destacar la postura de las manos, que adelanta hacia el que llega, ofreciéndole su abrazo entrañable. Es un gesto cordial, que invita y anima al mismo tiempo a acercarse a Dios.” 

En el altorrelieve inferior izquierdo se evoca la costumbre de Josemaría Escrivá de orar de rodillas ante la Virgen de la Almudena, en la Cuesta de la Vega. Una placa, en la propia capilla, cuenta la historia. 
 
En el altorrelieve inferior derecho se representa al fundador del Opus Dei atendiendo a un enfermo agonizante. Este enfermo, de etnia gitana, falleció en el Hospital General de Madrid con gran contrición, un domingo de febrero de 1932. “He aprendido de un gitano —recordaba san Josemaría a hacer un acto de contrición”. 
Escribía el Fundador en sus Apuntes el 16 de febrero de 1932, que le habían dicho que un moribundo no quería recibir los santos sacramentos. 

Fui a saludarle (...). Era un gitano, cosido a puñaladas en una riña. Al momento, accedió a confesarse. No quería soltar mi mano y, como él no podía, quiso que pusiera la mía en su boca para besármela. Su estado era lamentable: echaba excrementos por vía oral. Daba verdadera pena.
Con grandes voces dijo que juraba que no robaría más. Me pidió un Santo Cristo. No tenía, y le di un rosario. Se lo puse arrollado a la muñeca y lo besaba, diciendo frases de profundo dolor por lo que ofendió al Señor
”.
Continuaba explicando el fundador del Opus Dei que le habían contado poco después que el gitano murió con muerte “edificantísima”, diciendo entre otras frases, al besar el crucifijo del rosario: 
- "Mis labios están podrido, para besarte a Ti. 
-Pero, ¡si le vas a dar un abrazo y un beso muy fuerte enseguida, en el cielo!

Catedral de Nuestra Señora de la Almudena

Fuente:  http://www.es.josemariaescriva.info/articulo/san-josemaria-y-la-virgen-de-la-almudena

jueves, 7 de noviembre de 2013

Comunión de los santos, II

Vivid una particular Comunión de los Santos: y cada uno sentirá, a la hora de la lucha interior, lo mismo que a la hora del trabajo profesional, la alegría y la fuerza de no estar solo. 
(San Josemaría. Camino, 544)


Comunión de los Santos. -¿Cómo te lo diría? -¿Ves lo que son las transfusiones de sangre para el cuerpo? Pues así viene a ser la Comunión de los Santos para el alma. 
(San Josemaría, Camino, 544)

martes, 15 de octubre de 2013

Para siempre

"Este adverbio —siempre— ha hecho grande a Teresa de Jesús. Cuando ella —niña— salía por la puerta del Adaja, atravesando las murallas de su ciudad acompañada de su hermano Rodrigo, para ir a tierra de moros a que les descabezaran por Cristo, susurraba al hermano que se cansaba: para siempre, para siempre, para siempre". 
(San Josemaría).


sábado, 12 de octubre de 2013

San Josemaría y la Virgen del Pilar

A orillas del Ebro se levanta en Zaragoza la espléndida basílica del Pilar, en el sitio donde, en época musulmana, hubo un templo dedicado a Santa María. Comienza su construcción en tiempos del Renacimiento, atraviesa el barroco y remata, en pleno siglo XVIII, con soluciones neoclásicas. 

Dentro de la basílica está la Santa Capilla de Nuestra Señora del Pilar, magnífico estuche que encierra la columna en donde, según cuenta la tradición, posó sus plantas la Virgen. Ese pilar está forrado de bronce y plata, y sostiene una estatuilla que representa a una Virgen de abultado manto con el Niño en brazos. 

Desde su llegada a Zaragoza, Josemaría se impuso la grata costumbre de visitar el Pilar, recortando los ratos libres entre clases. Y, mientras estuvo en Zaragoza, como refiere, vivió esa costumbre a diario: 
Josemaría Escrivá , durante sus años de seminarista en Zaragoza. La devoción a la Virgen del Pilar comienza en mi vida, desde que con su piedad de aragoneses la infundieron mis padres en el alma de cada uno de sus hijos. Más tarde, durante mis estudios sacerdotales, y también cuando cursé la carrera de Derecho en la Universidad de Zaragoza, mis visitas al Pilar eran diarias (1). 
 Al ir de visita a la basílica del Pilar tendría, frecuentemente, que guardar cola con los demás fieles, antes de besar el trozo de la columna al descubierto, desgastado por los labios de generaciones y generaciones de cristianos. Allí, en la Santa Capilla, repetía sus insistentes jaculatorias: Domine, ut sit!, ¡que sea eso que Tú quieres, que yo no sé qué es! Y lo mismo a la Santísima Virgen: Domina, ut sit! (2). 

No contento con besar la columna, deseaba acercarse a la imagen. Según cuenta, meses antes se había valido de una treta para conseguirlo, porque no estaba permitido besar el manto con que revestían a la imagen nada más que a los niños o a las autoridades: 
Como tenía buena amistad con varios de los clérigos que cuidaban de la Basílica, pude un día quedarme en la iglesia después de cerradas las puertas. Me dirigí hacia la Virgen, con la complicidad de uno de aquellos buenos sacerdotes ya difunto, subí las pocas escaleras que tan bien conocen los infanticos y, acercándome, besé la imagen de nuestra Madre (3). 
 En su habitación, en San Carlos, tenía Josemaría una reproducción en yeso de dicha imagen. No valía gran cosa. Provenía del familiar del cardenal Soldevila, y a ella acudía pidiendo, de manera incesante, su mediación para que se realizara cuanto antes la Voluntad divina: 
A una sencilla imagen de la Virgen del Pilar confiaba yo por aquellos años mi oración, para que el Señor me concediera entender lo que ya barruntaba mi alma. Domina! —le decía con términos latinos, no precisamente clásicos, pero sí embellecidos por el cariño—, ut sit!, que sea de mí lo que Dios quiere que sea (4). 
Base estatuilla Virgen del Pilar
Tan machacona era su oración, que terminó grabando la jaculatoria con la punta de un clavo en la base de la estatuilla. En Zaragoza quedó aquella imagen cuando Josemaría tuvo que salir de allí. Y no la volvió a ver hasta 1960, en Roma, cuando una de sus hijas en el Opus Dei le enseñó una estatua de la Virgen del Pilar, que había estado hasta entonces en casa de unos parientes suyos de Zaragoza. Se la enviaban porque había sido suya: 
Padre, ha llegado aquí una imagen de la Virgen del Pilar, que tenía usted en Zaragoza. Le respondí: no, no me acuerdo. Y ella: sí, mírela; hay una cosa escrita por usted. Era una imagen tan horrible, que no me pareció posible que hubiese sido mía. Me la mostró y, debajo de la imagen, con un clavo, estaba escrito sobre el yeso: Domina, ut sit!, con una admiración, como suelo poner siempre las jaculatorias que escribo en latín. ¡Señora, que sea! Y una fecha: 24-5-1924. Y es que muchas veces, hijos míos, el Señor me humilla. Mientras a menudo me da claridad abundante, otras muchas veces me la quita, para que no tenga ninguna seguridad en mí. Entonces viene, y me ofrece una dedada de miel. Yo os había hablado de esos barruntos muchas veces, aunque en ocasiones pensaba: Josemaría, eres un engañador, un mentiroso... Aquella imagen era la materialización de mi oración de años, de lo que os había contado tantas veces (5).
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Textos extraídos de Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, (I): ¡Señor, que vea!, Ed. Rialp, Madrid, 2002 

Notas (1) La Virgen del Pilar, artículo publicado en AA. VV., Libro de Aragón, Zaragoza 1976, pp. 97 y ss. También hay referencias en otros escritos; por ejemplo: Durante el tiempo que pasé en Zaragoza haciendo mis estudios sacerdotales [...], mis visitas al Pilar eran por lo menos diarias (Recuerdos del Pilar, artículo publicado en “El Noticiero”, periódico de Zaragoza, 11 X 1970). Cfr. también Álvaro del Portillo, Sum. 142. 
(2) Carta 29 XII 1947/14 II 1966, n. 19 
(3) “Recuerdos del Pilar” (en “El Noticiero”, Zaragoza, 11 X 1970); cfr. también AGP, P03 1978, pp. 21 22. 
(4) J. Escrivá de Balaguer, La Virgen del Pilar, en Libro de Aragón, ob. cit., p. 97. 
(5) AGP, P03 1975, pp. 222 223; cfr. también Álvaro del Portillo, Sum. 141; Javier Echevarría; Sum. 2556; Jesús Alvarez Gazapo, Sum. 4281. El primo, Pascual Albás Llanas, atestigua: «Aquella imagen provenía de la casa de D. Carlos Albás, y Manolita, su sobrina, se la entregó a mi mujer» (Pascual Albás, AGP, RHF, T 02848, p. 2).

miércoles, 2 de octubre de 2013

Fue un 2 de octubre

Nuevo aniversario de la fundación del Opus Dei.

"Tenía yo veintiséis años, la gracia de Dios y buen humor, y nada más. Y tenía que hacer el Opus Dei".

Relato incluido en El Fundador del Opus Dei de Andrés Vázquez de Prada (capítulo V, volumen I) publicado en Rialp. 

George Richmond
El martes por la mañana, dos de octubre, fiesta de los Ángeles Custodios, después de celebrar misa, se encontraba don Josemaría en su habitación leyendo las notas que había traído consigo. De repente, le sobrevino una gracia extraordinaria, por la que entendió que el Señor daba respuesta a aquellas insistentes peticiones del Domine, ut videam! y del Domine, ut sit!  

Siempre guardó una comprensible reserva sobre este maravilloso suceso y sus circunstancias personales. Justamente tres años más tarde describirá el meollo de lo ocurrido: 
 "Recibí la iluminación sobre toda la Obra, mientras leía aquellos papeles. Conmovido me arrodillé —estaba solo en mi cuarto, entre plática y plática— di gracias al Señor, y recuerdo con emoción el tocar de las campanas de la parroquia de N. Sra. de los Ángeles".

domingo, 29 de septiembre de 2013

San Josemaría y los Arcángeles

El jueves, 6 de octubre de 1932, haciendo oración en la capilla de San Juan de la Cruz, durante su retiro espiritual en el convento de los Carmelitas Descalzos de Segovia, san Josemaría tuvo la moción interior de invocar por vez primera a los tres Arcángeles y a los tres Apóstoles; S. Miguel, S. Gabriel y S. Rafael; S. Pedro, S. Pablo y S. Juan
Desde aquel momento los consideró Patronos de los diferentes campos apostólicos que componen el Opus Dei

Bajo el patrocinio de San Rafael estaría la labor de formación cristiana de la juventud. 
La formación de los miembros del Opus Dei que habían acogido una vocación al celibato en medio del mundo, a san Miguel y al apóstol san Pedro
En cuanto a los padres y madres de familia que participasen en las tareas apostólicas, o formasen parte de la Obra, tendrían por patrono a San Gabriel.


Todas las futuras actividades del Opus Dei entrarían en una de estas tres Obras, a las que Escrivá llamaría de San Rafael, de San Miguel y de San Gabriel. Había estado pensando en fundar una asociación para gente joven, pero concluyó que sería mejor no formar ninguna asociación, sino simplemente dar formación a la gente joven –tal vez mediante una academia como la Cicuéndez, donde daba clase–. Durante el retiro se reafirmó en esa convicción.


Componían sus apostolados gentes de diferente estado civil, profesión, edad y otras circunstancias personales. Entre esas personas y la Obra no existía vinculación jurídica sino unos deberes de servicio y fidelidad aceptados libremente, de buena gana, hasta donde diera de sí una respuesta generosa a la vocación divina. Junto a esa desorganización estaban las tareas apostólicas, vertebradas bajo la advocación de los tres Arcángeles y con la cohesión interna propia de la espiritualidad de la Obra, cuyo meollo consistía en la santificación del trabajo y en el apostolado a través del ejercicio de la profesión. 

Fuentes: Coverdale, John F: La fundación del Opus Dei; Vázquez de Prada, Andrés: El Fundador del Opus Dei (I). 


jueves, 22 de agosto de 2013

Santa María Reina

Ambrogio Borgognone: Coronación de María. Fresco de iglesia de san Simpliciano de Milán.

Eres toda hermosa, y no hay en ti mancha. —Huerto cerrado eres, hermana mía, Esposa, huerto cerrado, fuente sellada. —Veni: coronaberis. —Ven: serás coronada. (Cant., IV, 7, 12 y 8). 
Si tú y yo hubiéramos tenido poder, la hubiéramos hecho también Reina y Señora de todo lo creado. (…) Y le rinden pleitesía de vasallos los Ángeles..., y los patriarcas y los profetas y los Apóstoles..., y los mártires y los confesores y las vírgenes y todos los santos..., y todos los pecadores y tú y yo. 

(San Josemaría. Santo Rosario, quinto misterio glorioso).

El Greco (1541–1614): La coronación de la Virgen.

martes, 25 de junio de 2013

¿Qué "trama" un santo desde el Cielo?

El 26 de junio se cumple un nuevo anivesrsario del dies natalis de san Josemaría, es por eso que trago aquí este texto de Mons. Joaquín Alonso (ha sido Consultor Teólogo de la Congregación para las Causas de los Santos. Fue, durante mucho tiempo, uno de los más directos colaboradores de San Josemaría en el gobierno del Opus Dei.), prólogo al libro Favores que pedimos a los santos, Ed. Palabra, de Mons. Flavio Capucci. 

En este mundo, los santos han vivido para amar a Dios y a los demás, imitando a Jesucristo que «pasó haciendo el bien». Pero cuando llegan al cielo, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, "no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. (...) Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero". 

Parece, en efecto, que en el cielo Dios les concede la posibilidad de continuar la misión que cumplieron aquí abajo, pero aún más fecundamente. Desde el cielo os podré ayudar mejor, nos decía San Josemaría al final de su vida, a la vez que nos pedía que rezáramos por él, para que se "saltara" el Purgatorio

Después de más de 20 años trabajando cerca de este santo, he comprobado que tenía razón. Fue enorme la ayuda de su vida santa a quienes le rodeábamos y a tantos millones de personas a través de sus libros. Pero desde que dio el salto al cielo, su ayuda se ha multiplicado y ha llegado a una inmensa multitud de corazones, por obra de su intercesión ante Dios por las necesidades, grandes o pequeñas, de muchas personas. Y lo más interesante: que si intercede, por ejemplo, para que una chica encuentre la lentilla que perdió en el autobús, toca, a la vez, ese corazón, para que dé entrada a Jesucristo

La novedad de algo archisabido 

La misión que Dios confió a Josemaría Escrivá de Balaguer, el 2 de octubre de 1928, fue fundar el Opus Dei, un camino de santificación a través del trabajo profesional y del cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano. Con Jesucristo, el panorama archisabido de todos los días adquiere una inesperada novedad, una grandeza insospechada, al ser iluminado por el amor redentor de nuestro Señor.

Leyendo las cartas que relatan las gracias obtenidas por la intercesión de Mons. Escrivá, se observa una variedad asombrosa de situaciones: desde amas de casa agobiadas por un pequeño problema doméstico hasta drogadictos o gente que se encuentra al borde del suicidio. Algunas cartas narran historias tremendas: vidas destrozadas y sin aparente salida. Otras cuentan la lucha contra enfermedades; hay quienes obtienen un trabajo, encuentran objetos perdidos... Además, en la mayoría se habla también de un acercamiento a Dios, a veces después de una vida muy alejada de la fe. 

Favores muy... normales 

¿Qué hay de común en estos relatos? Varias cosas. En primer lugar, tienen poco de "maravilloso": no San Josemaría no faltan hechos científicamente inexplicables, en particular ciertas curaciones extraordinarias que han podido ser verificadas experimentalmente y de las que se han recogido algunas en otro libro. Pero en general, insisto, los favores atribuidos a Josemaría Escrivá son muy... "normales".
hablan de fenómenos paranormales, clamorosos, aunque entre los favores obtenidos por intercesión de

Piedad, sí; superstición, no 

Esa realidad cuadra mucho con el mensaje y el modo de ser del Fundador del Opus Dei, que fue un verdadero "apóstol de la vida ordinaria". Se consideraba "poco milagrero" y rehuía instintivamente todo lo que sonaba a "prodigio" o cosa "maravillosa". 

En Camino, su libro más difundido, escribió: 
«No soy "milagrero". —Te dije que me sobran milagros en el Santo Evangelio para asegurar fuertemente mi fe”. (Camino, 583). 

Creía sobre todo en los milagros diarios de la Eucaristía, de los sacramentos, de la gracia. Desde el cielo, pues, ha continuado enseñando a descubrir a Jesucristo en la vida cotidiana, para que nadie confíe temerariamente en que Dios intervendrá «para resolver las consecuencias de la ineptitud o para facilitar nuestra comodidad. 

El milagro que os pide el Señor —señalaba en una homilía— es la perseverancia en vuestra vocación cristiana y divina, la santificación del trabajo de cada día: el milagro de convertir la prosa diaria en endecasílabos, en verso heroico, por el amor que ponéis en vuestra ocupación habitual". (Es Cristo que pasa, 50). 

Era también éste un rasgo muy suyo: la unidad entre la vida y la fe. Le parecía un contrasentido acudir a los santos para solucionar un problema y a la vez llevar una existencia alejada de Dios, sin el mínimo deseo de enmendarse. Actitud que, por desgracia, lleva a que algunas personas confundan la piedad con la superstición.

Los santos son "los brazos de Cristo"

El Señor nunca pasa de largo por nuestras necesidades: está siempre tendiéndonos sus manos. En una iglesia de Münster hay un Crucifijo, grande, de madera. Una bomba lo dejó sin brazos. Y se leen sobre la Cruz estas palabras: "Yo no tengo otras manos que las vuestras". Los santos son las manos de las que se vale Cristo para ayudarnos. Quizá este libro nos haga pensar que el Señor nos está pidiendo, también a nosotros, que le prestemos nuestras manos.

martes, 21 de mayo de 2013

Oración saxum


Cuenta don Álvaro del Portillo, primer sucesor del fundador del Opus Dei, en la entrevista concedida a Cesare Cavalleri, el origen de la costumbre que tenemos todos los miembros de la Obra de rezar a diario el Acordaos por aquella persona que más lo necesite: 

(...) También por aquella época, sucedió que unas chicas insidiaban a un miembro de la Obra. Pronto supimos que precisamente el día en que intentaban ponerle en un compromiso, nuestro fundador se encontraba con unos hijos suyos y de repente exclamó: "En este momento un hermano vuestro necesita mucha ayuda. Vamos a rezar un Memorare (Acordaos) por él".
Debo precisar que la persona interesada no había tenido tiempo de informarle de nada. El peligro se desvaneció al instante.
Así nació entre los miembros del Opus Dei la costumbre de rezar, por lo menos una vez al día, esta oración que el Padre llamaba oratio saxum, porque la consideraba un apoyo seguro para aquel miembro de la Obra que le hiciera más falta en aquel momento.
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Esta oración, también conocida por su título en latín "Memorare", se atribuye San Bernardo de Claraval y es una de las mejores oraciones de confianza que podemos dirigir a la Virgen María. De él son estas palabras: 
Que nuestra alma sedienta acuda a esta fuente, y que nuestra miseria recurra a este tesoro de compasión... Virgen bendita, que tu bondad haga conocer en adelante al mundo la gracia que tú has hallado junto a Dios: consigue con tus oraciones el perdón de los culpables, la salud de los enfermos, el consuelo de los afligidos, ayuda y libertad para los que están en peligro.
(San Bernardo: Homilía en la Asunción de la Virgen María, 1, 7-8).