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| Lilly Martin Spencer: Felicidad doméstica. |
Una mujer fuerte,
¿quién la encontrara?
Vale mucho más que las perlas.
(…)
Está revestida de fortaleza
y dignidad,
y sonríe al porvenir.
Abre su boca con sabiduría,
y su lengua enseña con bondad.
Falaz es la gracia y vana la
hermosura,
la mujer que teme al Señor
será alabada.
Con este poema acróstico sobre las cualidades que adornan a la mujer perfecta se cierra el libro de los Proverbios del Antiguo Testamento.En palabras de Juan Pablo II, La mujer perfecta, (Cfr. Pr. 31,10), “se convierte en un apoyo insustituible y en una fuente de fuerza espiritual para los demás, que perciben la gran energía de su espíritu. A estas “mujeres perfectas” deben mucho sus familias y, a veces, también las naciones”.
Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, nº 30.
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| George Elgar Hicks, (1824-1914): Padre e hija. |

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