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sábado, 18 de noviembre de 2017

Mujeres que rompieron barreras

Nota sobre conferencia dictada en la Diputación provincial de Almería por Inmaculada Alva, investigadora del Centro de Estudios Josemaría Escrivá de Balaguer de la Universidad de Navarra, y lidera el Proyecto GENOVIFEM, dedicado a promover la visibilidad de la aportación femenina en todos los campos científicos mediante la investigación interdisciplinar y la docencia; la participación en redes de investigación y docencia nacionales y europeas, y el fomento de estudios en este campo, a través del Premio Ernestina de Champourcin.

La historiadora Inmaculada Alva

 Una campeona de slalon, una investigadora en la industrialización del vídrio óptico, dos empleadas domésticas, una licenciada en Ciencias Químicas, una poeta, varias trabajadoras sanitarias y maestras, filólogas, funcionarias de la administración pública…, estas son algunas de las actividades profesionales de las primeras mujeres que se incorporaron al Opus Dei en los años 40, y que irradiaron su mensaje por toda la geografía española y más de una decena de países de Europa y América en el breve periodo de 10 años.

 Según la historiadora Inmaculada Alva, que desarrolla su trabajo en relación a las primeras féminas que siguieron a Escrivá en los años 40 desde el Centro de Estudios Josemaría Escrivá de Balaguer de la Universidad de Navarra, “fueron mujeres que rompieron barreras". No porque hicieran grandes cosas, en algunos casos sí, sino porque, al comprender la novedad del mensaje del Opus Dei, se lanzaron más allá de lo que una mujer de los años 40 se podía plantear”. De ahí el título de la conferencia que la investigadora pronunció el pasado día 16 en el Salón de Plenos de la Diputación de Almería, invitada por la Asociación Almedina, y a la que asistieron cerca de 200 personas. La ponente fue presentada por el Diputado de Bienestar social, Igualdad y Familia, y por la la presidenta de la entidad organizadora.



 Una editorial de mujeres para mujeres 

¿Cómo eran aquellas primeras mujeres que se embarcaron con radicalidad en vivir y proyectar un espíritu laical que rompía moldes en la Iglesia y en la sociedad? Según la ponente, fueron personas que se superaron a sí mismas, inspiradas en la inconmovible confianza del Fundador del Opus Dei en la capacidad de la mujer. Con ese respaldo, algunas de las primeras tuvieron la valentía de fundar una editorial, la Editorial Minerva, hecha por mujeres y para mujeres, con un ambicioso proyecto para promover la literatura femenina, en tiempos en los que, para empezar, en nuestro país el papel brillaba por su ausencia.
Otras crearon de una residencia universitaria en la capital de España, cuando el índice de mujeres en las universidades españolas se situaba por debajo del 14% del alumnado.

 El feminismo de Escrivá 

La ponente subrayó el feminismo visionario de Josemaría Escrivá, que ya en los años 30 presagiaba la futura presencia de hijas suyas en actividades como la cultura, la prensa, los espectáculos, la empresa, la arquitectura, la medicina, etc. “Y ello, en un momento histórico en que, derogadas las leyes promulgadas por la segunda República, se restableció el Código Civil de 1889, bajo el que la mujer quedaba bajo la tutela del padre o del marido, con un marcado carácter proteccionista, convirtiéndose en muchos sentidos en una eterna menor de edad”.

Escritos de Escrivá fechados en estos años, que Inmaculada Alva citó en su ponencia, evidencian una mentalidad a favor de la mujer en abierto contraste con las ideas dominantes de la época, para concluir que siempre otorgó a la mujer “un papel que iba más allá de la creación de un hogar, que debía impregnar las profesiones y ocupaciones de la vida civil, aportando lo específicamente femenino”.



 Trabajando en un mundo de hombres 

Inmaculada Alva trazó brevemente la trayectoria de dos de estas pioneras, “que destacaron en su área de saber y siempre trabajaron en un mundo de hombres”. Una de ellas, la murciana Piedad de la Cierva, comenzó la carrera de Químicas en 1928 y la terminó en el 32 con Premio Extraordinario. Y de Murcia a Dinamarca para trabajar en el Instituto de Física Teórica Niels Boehr, donde conoció hasta 5 Premios Nobel. Piedad fue pionera en los descubrimientos de la radiación artificial, de la industrialización del vidrio óptico o los aparatos de visión nocturna. En 1945 la lectura de un pequeño libro, Camino, respondió a sus inquietudes espirituales: “Me produjo una gran impresión. Vi que aquel trabajo, que me divertía y apasionaba tanto, podía hacerme santa”.

 Por su parte, Lourdes Díaz-Trechuelo, la primera Agregada del Opus Dei de Sevilla, fue Catedrática de Historia de América y cofundadora de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla. Según Inmaculada Alva fue precisamente “su amplitud de espíritu y fuerte vocación profesional lo que le llevó a conectar con el Opus Dei cuando lo encontró".

«Aquellas fueron mujeres que rompieron barreras. No porque hicieran grandes cosas, que en algunos casos sí, sino porque, al comprender la novedad del mensaje del Opus Dei, se lanzaron más allá de lo que una mujer de los años 40 se podía plantear».

martes, 13 de diciembre de 2016

Monseñor Javier Ecehevarría en el Cielo



(Traslado de los restos mortales de Monseñor Javier Echevaría desde el Campus bio-médico de Roma a Santa María de la Paz).

Fuente: www.opusdei.org

Mons. Javier Echevarría nació en Madrid el 14 de junio de 1932. Fue el menor de ocho hermanos. Hizo sus primeros estudios en San Sebastián, en el colegio de los padres marianistas, y continuó su formación en Madrid, en el colegio de los hermanos maristas. 

En 1948, conoció a algunos jóvenes del Opus Dei en una residencia de estudiantes. El 8 de
Josemaría Escrivá y Javier Echevarría en 1953
septiembre de ese mismo año, sintiéndose llamado por Dios a buscar la santidad en la vida ordinaria, pidió la admisión en el Opus Dei.
Comenzó los estudios de Derecho en la Universidad de Madrid y los continuó en Roma. Se doctoró en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad de Santo Tomás (1953), y en Derecho Civil por la Pontificia Universidad Lateranense (1955). 

Recibió la ordenación sacerdotal el 7 de agosto de 1955. Colaboró estrechamente con san Josemaría Escrivá de Balaguer, de quien fue secretario desde 1953 hasta su muerte, en 1975. 

En 1975, cuando Álvaro del Portillo sucedió a san Josemaría, Mons. Javier Echevarría fue nombrado secretario general del Opus Dei y, en 1982, vicario general. 

En 1994, tras el fallecimiento del beato Álvaro, fue elegido prelado del Opus Dei y, el 6 de enero de 1995, en la basílica de San Pedro, recibió de manos de san Juan Pablo II la ordenación episcopal. 

Desde el principio de su ministerio como prelado, tuvo como prioridades la evangelización en los campos de la familia, la juventud y la cultura. Promovió el inicio estable de las actividades formativas de la prelatura en 16 países, entre otros, Rusia, Kazajistán, Sudáfrica, Indonesia y Sri Lanka, y viajó a los cinco continentes para impulsar la labor evangelizadora de los fieles y cooperadores del Opus Dei. Alentó la puesta en marcha de numerosas iniciativas a favor de inmigrantes, enfermos y marginados. 

Seguía con especial atención varios centros de cuidados paliativos para enfermos terminales. En sus viajes de catequesis y en su ministerio pastoral, fueron temas recurrentes el amor a Jesucristo en la cruz, el amor fraterno, el servicio a los demás, la importancia de la gracia y de la palabra de Dios, la vida familiar y la unión con el Papa. Precisamente en su última carta pastoral, además de agradecer la audiencia que le había concedido Francisco el 7 de noviembre, pedía, como siempre, acompañar al Papa con oraciones por su persona e intenciones. 

Escribió numerosas cartas pastorales y varios libros de espiritualidad, como Itinerarios de vida cristiana, Para servir a la Iglesia, Getsemaní, Eucaristía y vida cristiana, Vivir la Santa Misa y Creo, creemos. Su última obra es una recopilación de meditaciones sobre las obras de misericordia que lleva por título Misericordia y vida cotidiana

Fue miembro de la Congregación para las Causas de los Santos y de la Signatura Apostólica. Participó en los sínodos de obispos de 2001, 2005 y 2012 y en los dedicados a América (1997) y Europa (1999). 

 Falleció en Roma el 12 de diciembre de 2016. 


viernes, 26 de junio de 2015

Surcos abrió el Amor


Trabajar por amor 

Artículo de Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei en El Mundo, con motivo del 40 aniversario de la marcha al Cielo de san Josemaría Escrivá de Balaguer


La nueva encíclica del Santo Padre Francisco enlaza con las páginas iniciales de la Sagrada Escritura: Dios formó al ser humano —hombre y mujer— y lo colocó en el jardín de Edén para que lo trabajara y lo guardara (Génesis 2, 15). Luego hizo desfilar a todos los animales y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba (Génesis 2, 19). Era un acto de amor por parte de Dios, un modo de expresar su confianza en cada ser humano, a quienes encomendaba la tarea de desarrollar las potencialidades que Él mismo había puesto en las criaturas.

Cada uno de nosotros es guardián y custodio de la creación. Como nos recuerda el Papa, Dios colocó al ser humano en ese jardín no sólo para cuidar lo existente, sino para que produzca frutos con su tarea de labranza, con su trabajo: “la intervención humana que procura el prudente desarrollo de lo creado –afirma Franciscoes la forma más adecuada de cuidarlo, porque implica situarse como instrumento de Dios para ayudar a brotar las potencialidades que él mismo colocó en las cosas” (Laudato si’, 124). 

San Josemaría
Si la humanidad se esfuerza en acoger el designio creador, cualquier tarea humana noble podrá convertirse en instrumento para el progreso del mundo y la dignificación de la persona.
La clave está en trabajar acabadamente bien, con el deseo de servir a los demás, por amor a Dios y al prójimo. Ciertamente intervienen otras motivaciones como la necesidad de mantenerse y mantener a la propia familia, el afán generoso de ayudar a personas necesitadas, el deseo de adquirir perfección humana en una actividad concreta, etc.; pero la llamada del Papa nos recuerda que la meta es aún más elevada: colaborar en cierto modo con Dios en la redención de la humanidad. 

Justamente ahora se celebra el 40 aniversario del fallecimiento de san Josemaría Escrivá de Balaguer, este santo sacerdote –fundador del Opus Dei– que proclamó al mundo entero el valor evangélico del trabajo realizado por amor. Soy testigo de cómo san Josemaría procuró vivir su predicación sobre el trabajo en primera persona, hasta el final de su caminar terreno.
El gran privilegio del hombre es poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo transitorio”, escribía en un volumen titulado Es Cristo que pasa. Por eso –añadía– “el hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor. Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor, de nuestro esfuerzo. El trabajo es así oración, acción de gracias, porque nos sabemos colocados por Dios en la tierra, amados por Él, herederos de sus promesas”.
El trabajo, según se oriente, tiene la capacidad de destruir o de conferir dignidad a las personas, de cuidar o desfigurar la naturaleza, de prestar u omitir el servicio debido a nuestro prójimo. 

Bien comprende el valor de dignificación del trabajo quien sufre el desempleo y experimenta la angustia de la falta de ingresos económicos. Por este motivo, las personas que padecen el desempleo son una intención constante en las oraciones y preocupaciones del cristiano. Como afirma el Papa, ayudar a los pobres o a los desempleados con dinero “debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias”. El gran objetivo, en cambio, “debería ser permitirles una vida digna a través del trabajo” (Laudato si, 128). Del mismo modo, la encíclica nos recuerda que “dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad” (id.).
Benedicto XVI definió al cristiano como “un corazón que ve”. En el trabajo, la eficacia económica será sin duda un criterio, pero no el único: el cristiano pone el corazón en su trabajo porque así lo hizo Cristo, y se empeña por hacer de esa dedicación un servicio a los otros, que es también alabanza al Creador. Sólo el trabajo entendido como servicio, el trabajo que pone en el centro al hombre, el trabajo que se realiza por amor a Dios, es capaz de abrir horizontes para la felicidad terrena y eterna de las mujeres y de los hombres de nuestro tiempo. 

Javier Echevarría 
Prelado del Opus Dei

sábado, 8 de noviembre de 2014

"Soñad, y os quedaréis cortos"

Porque el mundo es muy pequeño, si es grande el corazón. 

Una misa en la catedral de Moscú, una tertulia en la capital rusa y una visita al santuario de la Virgen de Kazán son algunos de los momentos de la visita pastoral del Prelado del Opus Dei a Rusia.




Mons. Javier Echevarría ha celebrado un encuentro con moscovitas que participan en los medios de formación del Opus Dei. El Prelado inició el encuentro señalando que "la vida cristiana debe ser alegre, debe ser un ofrecimiento de amor a los que sufren

Comentó la parábola evangélica de los invitados a la boda que se había leído en la celebración eucarística de ese día: "Somos invitados por Jesucristo a la amistad y comunión con Él. El mensaje del Evangelio no es algo viejo y pasado de moda: es nuevo, Cristo está vivo y nos acompañará hasta el final de los tiempos. Yo soy el primero en pedirle ayuda. Desde que he pisado el suelo de Moscú, le he suplicado que llene las calles de la ciudad con sus bendiciones".

Una señora, madre de cuatro hijos, le preguntó cómo podía explicar a su familia "el valor de la Eucaristía, el hecho de que vale la pena dedicar media hora a la misa y dos horas de trafico con un niño pequeño".

La Eucaristía -respondió Mons. Echevarría- es la comida del alma. Sin Jesús, no podemos vivir una vida plena. Como una madre da de comer a su hijo, así Dios nos alimenta con su amor. Es verdad que a veces asistir a misa exige recorrer un largo camino, pero ¿acaso los enamorados ven un obstáculo en la distancia que les separa? La misa te ayudará a querer más a tu marido y a tus hijos".

Otra persona le pidió si podía explicar cual era el mensaje del Opus Dei. El Prelado explicó que se trata de vivir felices en la tierra, pero pensando en el Cielo. Para eso es necesario trabajar bien, para poder ofrecer ese empeño a Dios: "San Josemaría aconsejaba ponerse en la mesa de trabajo un crucifijo y, al lado, una foto de la propia familia. El Opus Dei ayuda a simplificar la vida de todos los días: en el trabajo y en la familia se encuentran ocasiones para amar a todos, independientemente de su religión".

¿Qué supone ser el sucesor de dos santos?, fue otra de las preguntas. " He sido testigo de cómo san Josemaría y el beato Álvaro vivían para los demás, de la mañana a la noche. Yo, como cualquier persona, debo luchar todos los días por superar mis defectos. Por eso, os pido que recéis por mí". 

Finalmente, invitó a todos a rezar por Rusia, "ya que, como nos recordaba san Josemaría, la verdadera y única arma eficaz es la oración"

Mons. Paolo Pezzi, arzobispo de Moscú, y Mons. Javier Echevarría, celebraron una misa de acción de gracias en la catedral de Moscú con motivo de la reciente beatificación de Álvaro del Portillo:




A la misa han asistido diversos fieles que participan en los medios de formación del Opus Dei. El arzobispo de Moscú ha bendecido además un icono con la imagen del beato Álvaro del Portillo

Al comienzo de la Misa, el Arzobispo agradeció la presencia de Mons. Javier Echevarría en Rusia y también la presencia de los miembros de la Prelatura en la diócesis. "La labor que las personas del Opus Dei realizan en Moscú y San Petersburgo –dijo el Obispo- es algo bello y constructivo para la diócesis".

Al finalizar la misa, los asistentes pudieron venerar una reliquia del sucesor de san Josemaría.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Fue un 2 de octubre

Nuevo aniversario de la fundación del Opus Dei.

"Tenía yo veintiséis años, la gracia de Dios y buen humor, y nada más. Y tenía que hacer el Opus Dei".

Relato incluido en El Fundador del Opus Dei de Andrés Vázquez de Prada (capítulo V, volumen I) publicado en Rialp. 

George Richmond
El martes por la mañana, dos de octubre, fiesta de los Ángeles Custodios, después de celebrar misa, se encontraba don Josemaría en su habitación leyendo las notas que había traído consigo. De repente, le sobrevino una gracia extraordinaria, por la que entendió que el Señor daba respuesta a aquellas insistentes peticiones del Domine, ut videam! y del Domine, ut sit!  

Siempre guardó una comprensible reserva sobre este maravilloso suceso y sus circunstancias personales. Justamente tres años más tarde describirá el meollo de lo ocurrido: 
 "Recibí la iluminación sobre toda la Obra, mientras leía aquellos papeles. Conmovido me arrodillé —estaba solo en mi cuarto, entre plática y plática— di gracias al Señor, y recuerdo con emoción el tocar de las campanas de la parroquia de N. Sra. de los Ángeles".

domingo, 29 de septiembre de 2013

San Josemaría y los Arcángeles

El jueves, 6 de octubre de 1932, haciendo oración en la capilla de San Juan de la Cruz, durante su retiro espiritual en el convento de los Carmelitas Descalzos de Segovia, san Josemaría tuvo la moción interior de invocar por vez primera a los tres Arcángeles y a los tres Apóstoles; S. Miguel, S. Gabriel y S. Rafael; S. Pedro, S. Pablo y S. Juan
Desde aquel momento los consideró Patronos de los diferentes campos apostólicos que componen el Opus Dei

Bajo el patrocinio de San Rafael estaría la labor de formación cristiana de la juventud. 
La formación de los miembros del Opus Dei que habían acogido una vocación al celibato en medio del mundo, a san Miguel y al apóstol san Pedro
En cuanto a los padres y madres de familia que participasen en las tareas apostólicas, o formasen parte de la Obra, tendrían por patrono a San Gabriel.


Todas las futuras actividades del Opus Dei entrarían en una de estas tres Obras, a las que Escrivá llamaría de San Rafael, de San Miguel y de San Gabriel. Había estado pensando en fundar una asociación para gente joven, pero concluyó que sería mejor no formar ninguna asociación, sino simplemente dar formación a la gente joven –tal vez mediante una academia como la Cicuéndez, donde daba clase–. Durante el retiro se reafirmó en esa convicción.


Componían sus apostolados gentes de diferente estado civil, profesión, edad y otras circunstancias personales. Entre esas personas y la Obra no existía vinculación jurídica sino unos deberes de servicio y fidelidad aceptados libremente, de buena gana, hasta donde diera de sí una respuesta generosa a la vocación divina. Junto a esa desorganización estaban las tareas apostólicas, vertebradas bajo la advocación de los tres Arcángeles y con la cohesión interna propia de la espiritualidad de la Obra, cuyo meollo consistía en la santificación del trabajo y en el apostolado a través del ejercicio de la profesión. 

Fuentes: Coverdale, John F: La fundación del Opus Dei; Vázquez de Prada, Andrés: El Fundador del Opus Dei (I). 


jueves, 14 de febrero de 2013

Mujeres del Opus Dei


 El 14 de febrero de 1930, mientras celebra la Santa Misa, el joven sacerdote Josemaría Escrivá comprende que debe comenzar la labor del Opus Dei con mujeres.
A la vuelta de los años, son muchas las mujeres que en todo el mundo han descubierto su vocación en el mundo gracias a la correspondencia de san Josemaría a lo que Dios le pedía.

Trascribo aquí algunas palabras pronunciadas por una de esas mujeres, la ya fellecida teóloga Jutta Burggraf, durante una conferencia en el Colegio Mayor Saomar de Valencia. Fue en el año 2002 con motivo del centenario del nacimiento del fundador del Opus Dei. Escrivá, avanzado a su tiempo, reconoce el inmenso papel de la mujer en la sociedad, en la familia, y en la Iglesia:
 
El poder de la confianza: san Josemaría y la misión de la mujer.

“¿Qué ‘imagen de la mujer’ tuvo san Josemaría? -se preguntó Burggraf-. Este sacerdote sencillo y sonriente, que la mayoría de nosotros sólo conoce por las fotografías, fue un pionero de la promoción de la dignidad y emancipación de las mujeres en todo el mundo”.
A partir de textos del sacerdote, la profesora Burggraf expuso algunas consideraciones sobre el valor idéntico de los sexos, la grandeza de cada persona, la promoción profesional de la mujer, el valor de las tareas del hogar, la cultura de la confianza, la liberación cristiana, etcétera.

“No fue la revolución feminista la que convenció a ese sacerdote español del valor idéntico de los sexos. Como san Josemaría tenía una mente abierta y una fe viva y profunda, comprendió desde su juventud que el hombre y la mujer tienen exactamente la misma dignidad. Ambos son inteligentes y libres; a ambos les fue confiado el cultivo de la tierra como tarea común, y ambos poseen una última y exclusiva relación inmediata con Dios. Nadie es más que otro, ¡ninguno! - solía decir -. No quiero sino ayudar, por los caminos del espíritu, a la libertad y a la dignidad de cada persona. Ése es mi sueño”.

En todos los caminos profesionales.

Escrivá tenía esto claro en un tiempo en el que en las sociedades europeas se esperaba de las mujeres poco más que sonreír a los varones, tocar el piano, hacer puntillas y aprender el Catecismo. Cuando el joven Josemaría estudiaba Derecho en la Universidad de Zaragoza (1923-27), probablemente no había ninguna chica entre sus compañeros de curso; y cuando Dios le hizo ver que convendría admitir también a mujeres en el Opus Dei, en 1930, no existía todavía el sufragio femenino en España, ni en Francia, Italia, Suiza y muchos otros países".

"Josemaría Escrivá se empeñó más bien en sacar a las mujeres del papel secundario que se les asignaba, y contribuir así, de un modo positivo, a un mundo más justo y agradable. Veía a la mujer en todos los caminos profesionales, en todas las encrucijadas del trabajo, y no sólo en las tareas de su propio hogar. El fundador de la Obra esperaba de ellas que tomasen su vida profesional realmente en serio, les animaba a aceptar responsabilidades de mayor envergadura y cargos de más difícil desempeño: no para “brillar” personalmente, sino para servir más y mejor, para amar con eficacia".

"Los varones y las mujeres, aunque compartan todo lo esencial en la común naturaleza humana, tienen, a veces, distintas sensibilidades y necesidades: experimentan el mundo de forma diferente, sienten, planean y reaccionan de manera desigual, lo que puede percibir cualquier persona realista. En este sentido, Josemaría afirmaba que la mujer está llamada a llevar a la familia, a la sociedad civil, a la Iglesia, algo característico, que le es propio y que sólo ella puede dar: su delicada ternura, su generosidad incansable, su amor por lo concreto, su agudeza de ingenio, su capacidad de intuición… Escrivá alentaba a las mujeres a afirmar consciente y decididamente su diversidad: a descubrir, aceptar y desarrollar los propios talentos". 


En el hogar y fuera de él.

Josemaría estaba lejos de aconsejar que todas las mujeres vuelvan al ‘dulce hogar’. Pero quería que todas las personas tengan posibilidad de hacer libremente, y con cierta soltura, lo que creen que es bueno. En esa línea, enseñaba que los trabajos domésticos pueden ayudar a desarrollar, de modo especial, la capacidad de estar ahí, libremente, para los demás. Así, esos trabajos, aparentemente tan monótonos, son la fuente secreta de la felicidad y eficacia de toda una familia".

San Josemaría, “no quiso ni pudo darnos soluciones hechas para los problemas concretos de los nuevos tiempos. Por esto, compete a nosotros encontrar esas soluciones, para cada época por las que estamos atravesando. Compete a nosotros, hoy, empeñarnos en que se reconozca la plena dignidad de la persona en todo el mundo, y que la mujer, por fin, deje de ser un tema espinoso. Para lograr eso, nos conviene profundizar en el espíritu de ese soñador realista, tener en cuenta sus visiones amplias, inspirarnos en su entusiasmo y su audacia”.

sábado, 1 de diciembre de 2012

De tanto decir te quiero

San Josemaría Escrivá de Balaguer dedicó siete días del otoño de 1972 a una intensa predicación en tierras de Andalucía. Poco después de su marcha, el conocido escritor gaditano José María Pemán glosaba esa corta estancia en un artículo de prensa:

 "A la salida de Jerez hay una finca que se llamaba Santa María del Pino. Era de los Agreda, viejos tíos de mi mujer. En esta finca, viniendo yo de Cádiz cada tarde, visitaba a mi novia. Luego, hace ya bastantes años, pasó a ser residencia, casa de retiros del Opus Dei. Desde entonces tomó el nombre de Pozoalbero.

En Pozoalbero se había habilitado para salón de actos una vieja nave de lagares. Se le habían añadido reposteros, sillones, sillas. ¿Qué uvas iban a ser pisadas en tan espectacular vendimia?"

Los sencillos, los cristianos rasos, en número superior a los dos millares, eran carretadas de las uvas que iban a extenderse en el salón-lagar".

Monseñor Escrivá de Balaguer, venido a estas tierras del Sur, iba a ser el pisador. Y Santa María, escondida tras el pozo, se encargaría de dar la última vuelta y apretujón de la prensa al orujo o al alpechín"

Y empezó su tarea. Unas brevísimas palabras y en seguida abre el coloquio. Quiere preguntas. Quiere que le pregunten el dolor, el miedo, la cesta de la compra, la familia numerosa..."

Concluye el escritor su artículo con estas palabras: "Reconocí la voz del «Séneca». Se oía lejos el murmullo del auditorio que buscaba sus coches en los aparcamientos improvisados en huertas y jardines vecinos:

-Don José: si le llaman a todo esto «Obra de Dios», ¿qué obra ha tenido que hacer ese padre?

-No ser estorbo de la obra de Dios, ¿te parece poco? Dios obra por medio de los hombres y las cosas­. Es lo que se llama las «causas segundas».

Miró hacia la riada humana. Se rascó la cabeza:

-Pues esta causa segunda, don José, le ha salido a Dios de primera".

martes, 20 de noviembre de 2012

Para servir, servir.

Algunas jóvenes asistentes al Simposio.
El pasado fin de semana ha tenido lugar en Jaén el VI Simposio san Josemaría, bajo el lema "El trabajo como sevicio". Han sido numerosos los asistentes e interesantes las ponencias. Aquí pueden leerse intervenciones y testimonios, que sin duda, dejan un mensaje de esperanza, a pesar de los momentos difíciles que atraviesa nuestro país.
En este sentido, me ha llamado especialmente la antención la historia del joven matrimonio compuesto por Carmen y Javier, que os invito a leer; así como el de Eduardo Calvo.

Muestro aquí un vídeo resumen y el testimonio del torero Juan José Padilla.


lunes, 24 de septiembre de 2012

Al cielo de dos en dos




El Cardenal Arzobispo de Madrid presidió clausura de la fase diocesana de la causa de canonización del matrimonio formado por los siervos de Dios Paquita Domínguez Susín y Tomás Alvira Alvira, ambos fieles de la Prelatura del Opus Dei.

El cardenal Rouco recordó que “estamos ante un ejemplo de la vocación a la santidad que el concilio Vaticano II ha alimentado como llamada universal de todos los bautizados, camino que san Josemaría Escrivá iluminó y divulgó desde 1928”. Para el cardenal arzobispo de Madrid “este proceso de canonización confirma, como dice Benedicto XVI, que ser santo no supone hacer rarezas ni cosas espectaculares, o que estas personas sean inmaculadas. En cambio sí supone una lucha decidida por unirse a Dios en lo ordinario y vivir volcados en los demás”.

El cardenal mostró su alegría ante el hecho de que un número creciente de laicos esté en procesos de canonización, y destacó que “la Iglesia quiere proponer modelos de santidad entre personas que han vivido con plenitud su vocación matrimonial”.

Al acto han asistido ocho de los nueve hijos que tuvieron. Pilar Alvira, cuarta de los hijos del matrimonio, destaca de sus padres “su enorme capacidad de querer. El ambiente de nuestra casa era de enorme cariño porque ellos se desvivían por nosotros y nos enseñaron también a hacerlo así unos con otros”.

 De esta manera, concluye la fase diocesana del Proceso de Canonización que comenzó el 19 de febrero de 2009 cuando el cardenal de Madrid presidió la sesión de apertura de dicho proceso.

Más información aquí

María Isabel Alvira, hija del matrimonio nos habla de sus padres:


lunes, 23 de julio de 2012

Joven solidario

Álvaro, joven analista de finanzas corporativas y profesor universitario, se hace tiempo para encabezar la construcción de casas básicas que permitan una vida digna a cientos de familias. Y lo consigue porque procura hacer las cosas cara a Dios. San Josemaría es su padre espiritual, y sus enseñanzas, la carta de navegación que lo guía en cada jornada.

viernes, 13 de julio de 2012

Dios quiere que sea feliz

"Cada vez estoy más persuadido: la felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra" (San Josemaría, Forja, 1005)

sábado, 7 de julio de 2012

Dejar obrar a Dios

Siempre me ha llamado la atención el sentido que Josemaría Escrivá daba al nombre Opus Dei; una interpretación que podríamos llamar biográfica y que permite entender al fundador en su fisonomía espiritual. Escrivá sabía que debía fundar algo, y a la vez estaba convencido de que ese algo no era obra suya: él no había inventado nada: sencillamente el Señor se había servido de él y, en consecuencia, aquello no era su obra, sino la Obra de Dios. Él era solamente un instrumento a través del cual Dios había actuado.

Al considerar esta actitud me vienen a la mente las palabras del Señor recogidas en el evangelio de San Juan 5,17: “Mi Padre obra siempre”. Son palabras pronunciadas por Jesús en el curso de una discusión con algunos especialistas de la religión que no querían reconocer que Dios puede trabajar en el día del sábado. Un debate todavía abierto y actual, en cierto modo, entre los hombres –también cristianos- de nuestro tiempo. Algunos piensan que Dios, después de la creación, se ha “retirado” y ya no muestra interés alguno por nuestros asuntos de cada día. Según este modo de pensar, Dios no podría intervenir en el tejido de nuestra vida cotidiana; sin embargo, las palabras de Jesucristo nos indican mas bien lo contrario. Un hombre abierto a la presencia de Dios se da cuenta de que Dios obra siempre y de que también actúa hoy; por eso debemos dejarle entrar y facilitarle que obre en nosotros. Es así como nacen las cosas que abren el futuro y renuevan la humanidad.

Todo esto nos ayuda a comprender por qué Josemaría Escrivá no se consideraba “fundador” de nada, y por qué se veía solamente como un hombre que quiere cumplir una voluntad de Dios, secundar esa acción, la obra –en efecto- de Dios. En este sentido, constituye para mí un mensaje de gran importancia el teocentrismo de Escrivá de Balaguer: está en coherencia con las palabras de Jesús esa confianza en que Dios no se ha retirado del mundo, porque está actuando constantemente; y en que a nosotros nos corresponde solamente ponernos a su disposición, estar disponibles, siendo capaces de responder a su llamada. Es un mensaje que ayuda también a superar lo que puede considerarse como la gran tentación de nuestro tiempo: la pretensión de pensar que después del big bang, Dios se ha retirado de la historia. La acción de Dios no “se ha parado” en el momento del big bang, sino que continúa en el curso del tiempo, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de los hombres.

Ford Madox Brown: "Jesús lavando los pies a Pedro"

 El fundador de la Obra decía: yo no he inventado nada; es Otro quien lo ha hecho todo; yo he procurado estar disponible y servirle como instrumento. La palabra y toda la realidad que llamamos Opus Dei está profundamente ensamblada con la vida interior del Fundador, que aun procurando ser muy discreto en este punto, da a entender que permanecía en diálogo constante, en contacto real con Aquél que nos ha creado y obra por nosotros y con nosotros. De Moisés se dice en el libro del Éxodo (33,11) que Dios hablaba con él “cara a cara, como un amigo habla con un amigo”. Me parece que, si bien el velo de la discreción esconde algunas pequeñas señales, hay fundamento suficiente para poder aplicar muy bien a Josemaría Escrivá eso de “hablar como un amigo habla con un amigo”, que abre las puertas del mundo para que Dios pueda hacerse presente, obrar y transformar todo.


En esta perspectiva se comprende mejor qué significa santidad y vocación universal a la santidad. Conociendo un poco la historia de los santos, sabiendo que en los procesos de canonización se busca la virtud “heroica” podemos tener, casi inevitablemente, un concepto equivocado de la santidad porque tendemos a pensar: “esto no es para mí”; “yo no me siento capaz de practicar virtudes heroicas”; “es un ideal demasiado alto para mí”. En ese caso la santidad estaría reservada para algunos “grandes” de quienes vemos sus imágenes en los altares y que son muy diferentes a nosotros, normales pecadores. Ésa sería una idea totalmente equivocada de la santidad, una concepción errónea que ha sido corregida – y esto me parece un punto central- precisamente por Josemaría Escrivá.

Virtud heroica no quiere decir que el santo sea una especie de “gimnasta” de la santidad, que realiza unos ejercicios inasequibles para las personas normales. Quiere decir, por el contrario, que en la vida de un hombre se revela la presencia de Dios, y queda más patente todo lo que el hombre no es capaz de hacer por sí mismo. Quizá, en el fondo, se trate de una cuestión terminológica, porque el adjetivo “heroico” ha sido con frecuencia mal interpretado. Virtud heroica no significa exactamente que uno hace cosas grandes por sí mismo, sino que en su vida aparecen realidades que no ha hecho él, porque él sólo ha estado disponible para dejar que Dios actuara. Con otras palabras, ser santo no es otra cosa que hablar con Dios como un amigo habla con el amigo. Esto es la santidad.

Ser santo no comporta ser superior a los demás; por el contrario, el santo puede ser muy débil, y contar con numerosos errores en su vida. La santidad es el contacto profundo con Dios: es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el Único que puede hacer realmente que este mundo sea bueno y feliz. Cuando Josemaría Escrivá habla de que todos los hombres estamos llamados a ser santos, me parece que en el fondo está refiriéndose a su personal experiencia, porque nunca hizo por sí mismo cosas increíbles, sino que se limitó a dejar obrar a Dios. Y por eso ha nacido una gran renovación, una fuerza de bien en el mundo, aunque permanezcan presentes todas las debilidades humanas.

Verdaderamente todos somos capaces, todos estamos llamados a abrirnos a esa amistad con Dios, a no soltarnos de sus manos, a no cansarnos de volver y retornar al Señor hablando con Él como se habla con un amigo sabiendo, con certeza, que el Señor es el verdadero amigo de todos, también de todos los que no son capaces de hacer por sí mismos cosas grandes.

Por todo esto he comprendido mejor la fisonomía del Opus Dei: la fuerte trabazón que existe entre una absoluta fidelidad a la gran tradición de la Iglesia, a su fe, con desarmante simplicidad, y la apertura incondicionada a todos los desafíos de este mundo, sea en el ámbito académico, en el del trabajo ordinario, en la economía, etc. Quien tiene esta vinculación con Dios, quien mantiene un coloquio ininterrumpido con Él, puede atreverse a responder a nuevos desafíos, y no tiene miedo; porque quien está en las manos de Dios, cae siempre en las manos de Dios. Es así como desaparece el miedo y nace la valentía de responder a los retos del mundo de hoy.

Card. Joseph Ratzinger. L'Osservatore Romano, 6 de octubre de 2002
Con motivo de la canonización de san Josemaría.

sábado, 30 de junio de 2012

De las matemáticas a Dios

Lilian, profesora de Matemáticas chilena, se convirtió al catolicismo a los 47 después de descubrir que era hija de Dios. Cambió la rebeldía del Che Guevara por la de San Josemaría, el Fundador del Opus Dei. Tuvo que dejar atrás todos sus amigos ateos, como ella, y dejarse transformar en la oración. 

Antes de la conversión su familia vivía en conflictos permanentes por la tensión que ella provocaba a su esposo y a sus hijos. Ser consciente de la presencia del Señor en un oratorio le transformo la vida y la llenó de felicidad.