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miércoles, 27 de marzo de 2013

Origen del rezo del Vía Crucis


A lo largo de los siglos, y siguiendo el tradicional ejemplo de la Santísima Virgen María, los peregrinos de Jerusalén han seguido las huellas de Jesús desde el Pretorio hasta el Calvario (lo que en el s. XII llamaban “Vía Sacra”). 

En 1342 los Franciscanos se convirtieron en los custodios de la Tierra Santa, y según la tradición, las Estaciones de la Cruz se debe a ellos. 

En el s. XV se empezaron a erigir Estaciones de la Cruz en Europa para los que no podían viajar a Tierra Santa

En el s. XVII, el franciscano S. Leonardo de Puerto Mauricio propagó la devoción del Vía Crucis Vía Crucis toda Italia, erigiendo las Estaciones en cientos de iglesias. Gracias a este santo se comenzó a rezar el Vía Crucis en el Coliseo de Roma el Viernes Santo, que suele presidir el Papa. Diría el santo: “Me queda la satisfacción de que el Coliseo haya dejado de ser simplemente un sitio de distracción, para convertirse en un lugar donde se reza"

En el S. XVIII, ambién propagaron esta devoción san Alfonso María de Ligorio y san Pablo de la Cruz. 

En 1837 la Sagrada Congregación para las Indulgencias declaró que era más apropiado que las estaciones comenzaran desde el lado de la iglesia en que se proclama el Evangelio

En 1686 el Papa Inocente XI concedió a los franciscanos erigir Estaciones en sus iglesias para ganar las mismas indulgencias que en Tierra Santa

En 1731 se fijó que las Estaciones fueran 14 y que se pudieran erigir en todas las iglesias por un padre franciscano con el premiso del Obispo local. 

En 1862 se concedió permiso a todos los obispos para erigir las Estaciones en su diócesis. 

Fuente: corazones.org


Puedes seguir el resto de las estaciones aquí.

lunes, 4 de febrero de 2013

Verdadero icono

Bernardo Strozzi: Santa Verónica.

No hay en Él parecer, no hay hermosura que atraiga las miradas, ni belleza que agrade. Despreciado, desecho de los hombres, varón de dolores, conocedor de todos los quebrantos, ante quien se vuelve el rostro, menospreciado, estimado en nada (Is LIII,2-3).

     Y es el Hijo de Dios que pasa, loco... ¡loco de Amor!

Hans Memling: Santa Verónica, 1470.

    Una mujer, Verónica de nombre, se abre paso entre la muchedumbre, llevando un lienzo blanco plegado, con el que limpia piadosamente el rostro de Jesús. El Señor deja grabada su Santa Faz en las tres partes de ese velo.

El Greco: Verónica con la santa Faz, 1579. (Museo de santa Cruz de Toledo).

   El rostro bienamado de Jesús, que había sonreído a los niños y se transfiguró de gloria en el Tabor, está ahora como oculto por el dolor. Pero este dolor es nuestra purificación; ese sudor y esa sangre que empañan y desdibujan sus facciones, nuestra limpieza.

Paul Delaroche: Verónica.

     Señor, que yo me decida a arrancar, mediante la penitencia, la triste careta que me he forjado con mis miserias... Entonces, sólo entonces, por el camino de la contemplación y de la expiación, mi vida irá copiando fielmente los rasgos de tu vida. Nos iremos pareciendo más y más a Ti.

     Seremos otros Cristos, el mismo Cristo, ipse Christus.


Mattia Preti, 1613-1699.