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sábado, 21 de junio de 2014

Jesús sacramentado

Jan Van Eyck (1390-1441): Adoración del cordero místico.

"Este es mi Cuerpo...", y Jesús se inmoló, ocultándose bajo las especies de pan. Ahora está allí, con su Carne y con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad: lo mismo que el día en el que Tomás metió los dedos en sus Llagas gloriosas. Sin embargo, en tantas ocasiones, tú cruzas de largo, sin esbozar ni un breve saludo de simple cortesía, como haces con cualquier persona conocida que encuentras al paso. 
–¡Tienes bastante menos fe que Tomás

(San Josemaría. Surco, 684).


lunes, 3 de junio de 2013

La unión hace la fuerza

Ayer, a las 5 de la tarde, todos los católicos del mundo tuvimos una cita ante el Sagrario. Que duda cabe de que millones de persones rezan a diario en cualquier parte del planeta, pero que el día del Corpus Christi, lo hiciésemos tanta gente unida a la misma hora... es inefable. Millones de personas contemplando a Jesús sacramentado; y Él, mirándonos a cada uno, como si fuésemos únicos. Para pensarlo...

sábado, 1 de junio de 2013

Jesús presente en la Eucaristía

Raúl Berzosa: Revelación de Tuy.

Jesucristo está realmente presente en la Eucaristía
En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero. 

Raúl Berzosa
Esta presencia se denomina "real", no a título exclusivo, como si las otras presencias no Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente. San Juan en su Evangelio recoge otras palabras de Jesús : "Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna permanece en mí y yo en él" (Jn 6, 51.54.56).
fuesen "reales", sino por excelencia, porque es substancial, y por ella

El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. Eleva la Eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de ella "como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos"


domingo, 10 de junio de 2012

Origen de la Fiesta del Corpus Christi

La solemnidad del Corpus Christi nació con el objetivo de reafirmar abiertamente la fe del Pueblo de Dios en Jesucristo vivo y realmente presente en el santísimo sacramento de la Eucaristía.

El Papa Benedicto XVI explica así la historia de esta fiesta, que remonta al siglo XIII:

Santa Juliana de Cornillón tuvo una vision que “presentaba la luna en su pleno esplendor, con una franja oscura que la atravesaba diametralmente. El Señor le hizo comprender el significado de lo que se le había aparecido. La luna simbolizaba la vida de la Iglesia sobre la tierra; la línea opaca representaba, en cambio, la ausencia de una fiesta litúrgica(…) en la que los creyentes pudieran adorar la Eucaristía para aumentar su fe, avanzar en la práctica de las virtudes y reparar las ofensas al Santísimo Sacramento (…).

La buena causa de la fiesta del Corpus Christi conquistó también a Santiago Pantaleón de Troyes, que había conocido a la santa durante su ministerio de archidiácono en Lieja. Fue precisamente él quien, al convertirse en Papa con el nombre de Urbano IV, en 1264 quiso instituir la solemnidad del Corpus Christi como fiesta de precepto para la Iglesia universal, el jueves sucesivo a Pentecostés.

Hasta el fin del mundo

En la bula de institución, titulada Transiturus de hoc mundo (11 de agosto de 1264) el Papa Urbano alude con discreción también a las experiencias místicas de Juliana, avalando su autenticidad, y escribe:
«Aunque cada día se celebra solemnemente la Eucaristía, consideramos justo que, al menos una vez al año, se haga memoria de ella con mayor honor y solemnidad. De hecho, las otras cosas de las que hacemos memoria las aferramos con el espíritu y con la mente, pero no obtenemos por esto su presencia real. En cambio, en esta conmemoración sacramental de Cristo, aunque bajo otra forma, Jesucristo está presente con nosotros en la propia sustancia. De hecho, cuando estaba a punto de subir al cielo dijo: “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20)».

El Pontífice mismo quiso dar ejemplo, celebrando la solemnidad del Corpus Christi en Orvieto, ciudad en la que vivía entonces. Precisamente por orden suya, en la catedral de la ciudad se conservaba —y todavía se conserva— el célebre corporal con las huellas del milagro eucarístico acontecido el año anterior, en 1263, en Bolsena.

Un sacerdote, mientras consagraba el pan y el vino, fue asaltado por serias dudas sobre la presencia real del Cuerpo y la Sangre de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. Milagrosamente algunas gotas de sangre comenzaron a brotar de la Hostia consagrada, confirmando de ese modo lo que nuestra fe profesa.

Himnos Eucarísticos

Urbano IV pidió a uno de los mayores teólogos de la historia, santo Tomás de Aquino —que en aquel tiempo acompañaba al Papa y se encontraba en Orvieto—, que compusiera los textos del oficio litúrgico de esta gran fiesta. Esos textos, que todavía hoy se siguen usando en la Iglesia, son obras maestras, en las cuales se funden teología y poesía. 
Son los denominados himnos eucarísticos como O Salutaris Hostia, Adoro te devote, o Pange lingua.