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lunes, 22 de junio de 2015

El poder transformador de un matrimonio




Laura Busca Otaegui (Laurita) nació el 3 de noviembre de 1912 en Zumárraga (Gipuzkoa). Realizó sus estudios en Zumárraga, Vergara y Valladolid.

Se licenció en Farmacia en la Universidad Central de Madrid en 1935. Ese año conoció a Eduardo Ortiz de Landázuri, con quien contrajo matrimonio el 17 de junio de 1941 en el Santuario viejo de la Virgen de Arantzazu (Oñate). Tuvieron siete hijos.
Poseía un gran temperamento, y era una mujer magnánima y comprensiva. Gracias a la formación recibida y a su vida espiritual, supo responder al querer de Dios para buscar la santidad en sus quehaceres ordinarios.

Pidió la admisión en el Opus Dei el 8 de enero de 1953. Construyó con su marido, como aconsejaba San Josemaría Escrivá de Balaguer, un hogar luminoso y alegre. 

Su vida estuvo marcada por una extraordinaria generosidad en la entrega a su marido y a sus hijos, así como a otras muchas personas. Sustentó sus acciones en el amor a Dios y a los demás, que brotaba de una recia y honda piedad. 
 Desde los años cincuenta llevó con fortaleza una dolorosa enfermedad de espalda, sin perder la sonrisa. 

El 11 de diciembre de 1998 tuvo la alegría de asistir, en Pamplona, a la sesión de Apertura del Proceso diocesano sobre las virtudes de su marido Eduardo y, poco tiempo después, pudo testificar en el Proceso. 

Tras una dolorosa enfermedad llevada con extraordinaria fortaleza cristiana, falleció en Pamplona, con fama de santidad, el 11 de octubre de 2000. 


sábado, 17 de enero de 2015

Soñados por José

El 16 de enero, se celebraba el encuentro del Papa Francisco con las familias en Manila. El santo Padre ha habló de la figura de san José como patrono de la familia, e hizo referencia a esta imagen de san José durmiendo que tiene sobre su escritorio. Contó que cuando un asunto le preocupa, lo escribe en un papel y lo coloca bajo san José, "para que sueñe con ello".


Pero como el discurso no tuvo desperdicio, aquí se puede ver y escuchar completo: 

domingo, 14 de abril de 2013

Mujer perfecta

Lilly Martin Spencer: Felicidad doméstica.

Una mujer fuerte,

¿quién la encontrara?

Vale mucho más que las perlas.

(…)

Está revestida de fortaleza

y dignidad,

y sonríe al porvenir.

Abre su boca con sabiduría,

y su lengua enseña con bondad.

Falaz es la gracia y vana la

hermosura,

la mujer que teme al Señor

será alabada.

Con este poema acróstico sobre las cualidades que adornan a la mujer perfecta se cierra el libro de los Proverbios del Antiguo Testamento.
En palabras de Juan Pablo II, La mujer perfecta, (Cfr. Pr. 31,10), “se convierte en un apoyo insustituible y en una fuente de fuerza espiritual para los demás, que perciben la gran energía de su espíritu. A estas “mujeres perfectas” deben mucho sus familias y, a veces, también las naciones”.

Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, nº 30.

George Elgar Hicks, (1824-1914): Padre e hija.
Sir Frank Dicksee, (1853-1928): La madre, 1907.


domingo, 30 de diciembre de 2012

Y Dios se hizo familia

Lucio Massari: Sagrada Familia, 1675.

Navidad. —Cantan: venite, venite... —Vayamos, que Él ya ha nacido. Y, después de contemplar cómo María y José cuidan del Niño, me atrevo a sugerirte: mírale de nuevo, mírale sin descanso. (Surco, 549) 

San José: no se puede amar a Jesús y a María sin amar al Santo Patriarca.  (Surco, 551)


Me conmueve que el Apóstol califique al matrimonio cristiano de “sacramentum magnum —sacramento grande. También de aquí deduzco que la labor de los padres de familia es importantísima. —Participáis del poder creador de Dios y, por eso, el amor humano es santo, noble y bueno: una alegría del corazón, a la que el Señor —en su providencia amorosa— quiere que otros libremente renunciemos.
—Cada hijo que os concede Dios es una gran bendición divina: ¡no tengáis miedo a los hijos!
(Surco, 191)


En mis conversaciones con tantos matrimonios, les insisto en que mientras vivan ellos y vivan también sus hijos, deben ayudarles a ser santos, sabiendo que en la tierra no seremos santos ninguno. No haremos más que luchar, luchar y luchar. —Y añado: vosotros, madres y padres cristianos, sois un gran motor espiritual, que manda a los vuestros fortaleza de Dios para esa lucha, para vencer, para que sean santos. ¡No les defraudéis! 
(Surco, 692)

(Textos de san Josemaría)

martes, 20 de noviembre de 2012

Para servir, servir.

Algunas jóvenes asistentes al Simposio.
El pasado fin de semana ha tenido lugar en Jaén el VI Simposio san Josemaría, bajo el lema "El trabajo como sevicio". Han sido numerosos los asistentes e interesantes las ponencias. Aquí pueden leerse intervenciones y testimonios, que sin duda, dejan un mensaje de esperanza, a pesar de los momentos difíciles que atraviesa nuestro país.
En este sentido, me ha llamado especialmente la antención la historia del joven matrimonio compuesto por Carmen y Javier, que os invito a leer; así como el de Eduardo Calvo.

Muestro aquí un vídeo resumen y el testimonio del torero Juan José Padilla.


jueves, 8 de noviembre de 2012

Sobre el matrimonio

El Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha hecho pública una nota hoy sobre el fallo del Tribunal Constitucional relativo a la presunta constitucionalidad del llamado “matrimonio” entre personas del mismo sexo:

El Tribunal Constitucional ha avanzado anteayer el sentido de una sentencia, que publicará próximamente, en la que resuelve que la actual legislación española sobre el matrimonio es conforme a la Constitución. Ante la trascendencia de este fallo, recordamos brevemente la doctrina católica, sin perjuicio de que, cuando sea conocida la sentencia, sean necesarias más precisiones. 

1.- La legislación actualmente vigente en España ha redefinido la figura jurídica del matrimonio de tal modo, que éste ha dejado de ser la unión de un hombre y de una mujer y se ha transformado legalmente en la unión de dos ciudadanos cualesquiera, para los que ahora se reserva en exclusiva el nombre de "cónyuges" o de "consortes". De esta manera se establece una insólita definición legal del matrimonio con exclusión de toda referencia a la diferencia entre el varón y la mujer. Los españoles han perdido así el derecho de ser reconocidos expresamente por la ley como "esposo" o "esposa" y han de inscribirse en el Registro Civil como "cónyuge A" o "cónyuge B". 

2.- Por tanto, no podemos dejar de afirmar, con dolor, que las leyes vigentes en España no reconocen ni protegen al matrimonio en su especificidad. Por ello, convencidos de las consecuencias negativas que se derivan para el bien común, alzamos nuestra voz en pro del verdadero matrimonio y de su reconocimiento jurídico. Todos, desde el lugar que ocupamos en la sociedad, hemos de defender y promover el matrimonio y su adecuado tratamiento por las leyes. Es el momento de leer de nuevo la reciente Instrucción Pastoral de la Asamblea Plenaria de nuestra Conferencia Episcopal titulada La verdad del amor humano. Orientaciones sobre la verdad del amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar, aprobada el pasado 26 de abril y publicada el 4 de julio. 

 3.- No es de nuestra competencia hacer juicios sobre la pertinencia jurídica de las sentencias de los tribunales. Es, en cambio, nuestra obligación ayudar al discernimiento acerca de la justicia y de la moralidad de las leyes. En este sentido, debemos reiterar que la actual legislación española sobre el matrimonio - con independencia de que sea o no conforme a la Constitución - es gravemente injusta, puesto que no reconoce ni protege la realidad del matrimonio en su especificidad. Es, pues, urgente la modificación de la ley con el fin de que sean reconocidos y protegidos los derechos de todos en lo que toca al matrimonio y a la familia. Pensamos, en particular, en el derecho de quienes contraen matrimonio a ser reconocidos expresamente como esposo y esposa; en el derecho de los niños y de los jóvenes a ser educados como esposos y esposas del futuro; y en el derecho de los niños a disfrutar de un padre y de una madre, en virtud de cuyo amor fiel y fecundo son llamados a la vida y acogidos en una familia estable. Ninguno de estos derechos es actualmente reconocido ni protegido por la ley. 

Que María Santísima cuide de las familias e interceda por los gobernantes, sobre quienes pesa el deber y a quienes compete el servicio de ordenar con justicia la vida social.

lunes, 23 de julio de 2012

Joven solidario

Álvaro, joven analista de finanzas corporativas y profesor universitario, se hace tiempo para encabezar la construcción de casas básicas que permitan una vida digna a cientos de familias. Y lo consigue porque procura hacer las cosas cara a Dios. San Josemaría es su padre espiritual, y sus enseñanzas, la carta de navegación que lo guía en cada jornada.

viernes, 1 de junio de 2012

Mujer y familia

Realización personal

Tampoco en el plano personal se puede afirmar unilateralmente que la mujer haya de alcanzar su perfección sólo fuera del hogar: como si el tiempo dedicado a su familia fuese un tiempo robado al desarrollo y a la madurez de su personalidad. El hogar —cualquiera que sea, porque también la mujer soltera ha de tener un hogar— es un ámbito particularmente propicio para el crecimiento de la personalidad. La atención prestada a su familia será siempre para la mujer su mayor dignidad: en el cuidado de su marido y de sus hijos o, para hablar en términos más generales, en su trabajo por crear en torno suyo un ambiente acogedor y formativo, la mujer cumple lo más insustituible de su misión y, en consecuencia, puede alcanzar ahí su perfección personal.

(San Josemaría, Conversaciones, 87)

Imaginad que esa familia sea numerosa: entonces la labor de la madre es comparable —y en muchos casos sale ganando en la comparación— a la de los educadores y formadores profesionales. Un profesor consigue, a lo largo quizá de toda una vida, formar más o menos bien a unos cuantos chicos o chicas. Una madre puede formar a sus hijos en profundidad, en los aspectos más básicos, y puede hacer de ellos, a su vez, otros formadores, de modo que se cree una cadena ininterrumpida de responsabilidad y de virtudes.
También en estos temas es fácil dejarse seducir por criterios meramente cuantitativos, y pensar: es preferible el trabajo de un profesor, que ve pasar por sus clases a miles de personas, o de un escritor, que se dirige a miles de lectores. Bien, pero, ¿a cuántos forman realmente ese profesor y ese escritor? Una madre tiene a su cuidado tres, cinco, diez o más hijos; y puede hacer de ellos una verdadera obra de arte, una maravilla de educación, de equilibrio, de comprensión, de sentido cristiano de la vida, de modo que sean felices y lleguen a ser realmente útiles a los demás.