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miércoles, 3 de abril de 2013

¿No ardía nuestro corazón?


Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.

Él les dijo: 
- «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?». 

Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: 
- «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?».

Rembrandt: Cena de Emaús.

 Él les dijo: 
- «¿Qué cosas?». 
Ellos le dijeron: 
- «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron»

William Adolphe Bouguereau, (1825-1905): La santas mujeres en la tumba vacía de Jesús.

Él les dijo: 
- «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?». 
Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. 

Caravaggio: Cena de Emaús.
Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: - «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». 
Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.

Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: 
- «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». 
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: 
«¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!». 
Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

(Lc 24,13-35)

Lelio Orsi, (1511–1587): Camino de Emaús.

jueves, 28 de marzo de 2013

Jesús se encontrará estos besos

Alfa y Omega publica hoy uno de los Relatos a la sombra de la cruz (editorial Palabra) que imagina el sacerdote y escritor don Enrique Monasterio y que traigo al blog:

Nicolas Poussin: Institución de la Eucaristía
Del diario de María Magdalena

María me ha pedido que le ayude a preparar la sala donde su hijo celebrará la Pascua dentro de dos días.
Me lleva al lugar elegido y en seguida comenzamos a trabajar. Lo primero, limpiar el recinto, que es grande y agradable, pero necesitaba un buen repaso. Luego, disponemos las jofainas para las purificaciones, las lámparas de aceite que darán luz a la estancia, los divanes, los manteles limpios y perfumados, las copas, las jarras para el vino y unos platos de colores recién salidos de las manos del alfarero que ha traído María.

Yo, como estoy muy contenta porque es la Pascua, no dejo de cantar ni un solo instante. En cambio, Ella...

-«¿Qué te ocurre, Señora?»
-«No me llames así. Sabes que somos amigas».

María entonces toma mis manos entre las suyas y las besa.

-«¿Por qué haces eso?»
-«Hoy estas manos han trabajado en algo muy grande. Los manteles, los platos..., todo esto será sagrado. Pronto lo entenderás. Ahora vamos a hacer el pan. ¿Me ayudas?»

Con la harina blanca recién molida, las manos de mi Señora han comenzado a amasar la primera hogaza. Sin levadura, como establece la ley de Moisés, el pan se elabora deprisa y se comerá deprisa porque es la Pascua. Es el paso del Señor.

Antes de meterlo en el horno, María vuelve a sorprenderme en un gesto insólito: con sus manos blancas de harina, levanta el pan en alto y lo besa muy despacio, con ternura de madre. Luego me ha dicho:
-«Bésalo tú también».

Sin preguntar nada, pongo mis labios en el pan.
-«Jesús se encontrará estos besos cuando llegue».

-«... Cuando llegue, ¿dónde?»


María sonríe con ese gesto de niña traviesa que a veces le sale de dentro, pero no me explica el sentido de sus palabras.
-«Lo entenderás muy pronto».

Domenico Ghirlandaio: Detalle de La última cena.

lunes, 25 de marzo de 2013

Asombro de María en la Anunciación


Arthur Gaskin, (1862-1928): Anunciación

Estaba María santa
contemplando las grandezas
de la que de Dios sería
Madre santa y Virgen bella
el libro en la mano hermosa,
que escribieron los profetas,
cuanto dicen de la Virgen.
¡Oh qué bien que lo contempla!
Madre de Dios y virgen entera,
Madre de Dios, divina doncella.


Bajó del cielo un arcángel,
y haciéndole reverencia,
Dios te salve, le decía,
María, de gracia llena.
Admirada está la Virgen
cuando al Sí de su respuesta
tomó el Verbo carne humana,
y salió el sol de la estrella.
Madre de Dios y virgen entera,
Madre de Dios, divina doncella.

Lope de Vega