Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba
sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que
había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el
mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban
retenidos para que no le conocieran.
Él les dijo:
Él les dijo:
- «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?».
Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le
respondió:
- «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las
cosas que estos días han pasado en ella?».
Rembrandt: Cena de Emaús. |
Él les dijo:
- «¿Qué cosas?».
Ellos le dijeron:
- «Lo de Jesús el Nazareno,
que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de
todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le
condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él
el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya
tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las
nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro,
y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una
aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de
los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían
dicho, pero a Él no le vieron».
Él les dijo:
- «¡Oh insensatos y tardos de
corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario
que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?».
Y, empezando
por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que
había sobre Él en todas las Escrituras.
Caravaggio: Cena de Emaús. |
Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante.
Pero ellos le forzaron diciéndole: - «Quédate con nosotros, porque
atardece y el día ya ha declinado».
Y entró a quedarse con ellos. Y
sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció
la bendición, lo partió y se lo iba dando.
Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro:
Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro:
- «¿No estaba ardiendo nuestro corazón
dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las
Escrituras?».
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y
encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que
decían:
«¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a
Simón!».
Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y
cómo le habían conocido en la fracción del pan.
(Lc 24,13-35)
Lelio Orsi, (1511–1587): Camino de Emaús. |
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