martes, 12 de junio de 2012

Del exilio a Dios

Ernestina Michels de Champourcin nació en Vitoria el 10 de julio de 1905. La familia de su padre era originaria de la Provenza, aunque establecida en Barcelona desde el siglo XVIII. El barón Michels de Champourcin ejercía como abogado en Madrid y, en sus ratos libres, escribía poemas. La madre de Ernestina había nacido en Uruguay. Tuvieron cuatro hijos: tres chicas y un chico. La futura poeta (nunca le gustó el término poetisa) estudia bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros y, desde los 6 años, lee mucho y aprende inglés y francés. En plena adolescencia descubre la obra Platero y yo, (Segunda Antología) del que sería su maestro: Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura en 1956.

Seguidora de Juan Ramón Jiménez

A los 21 años, Ernestina publica su primer libro de poesía, En silencio. Envía un ejemplar a Juan Ramón, al que había tenido oportunidad de conocer, junto a su esposa Zenobia Camprubí, durante un paseo por los jardines del palacio de La Granja (Segovia). El encuentro se transformó en una duradera amistad; años más tarde, la poeta diría "Juan Ramón no fue para mí únicamente un poeta admirado, sino una especie de compañero de sentimientos y vivencias". El autor de Platero y yo y san Juan de la Cruz son sus poetas preferidos.

Por entonces, recordará ella, "las mujeres escribían poco, apenas nada". Ernestina se mueve en los círculos culturales del Madrid de finales de los años 20. Asiste a tertulias literarias con Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre y su mujer, Concha Méndez.

En 1926 se inscribe en el Club Lyceum, donde se reúnen mujeres inquietas; Ernestina se hace cargo de la sección de Literatura y frecuenta una librería regentada por Luis Cernuda. Al año siguiente, ve la luz el segundo libro de Champourcin, Ahora. Según Emilio Miró, buen conocedor su obra, Ernestina puede considerarse "entre los años 20 y 30, la primera e indiscutible voz femenina del grupo poético del 27".

En 1930 conoce al poeta Juan José Domenchina en el estudio del pintor Valentín de Zubiarre. Desde entonces respiran juntos el denso ambiente cultural de la época y ambos coinciden en la honradez de sus críticas literarias, aunque sus caminos poéticos son diversos.
Juan José procede de una familia católica de clase media; desde 1923 es amigo de Manuel Azaña, futuro ministro y presidente de la II República española, y juntos comparten tertulias con Pío Baroja y Valle Inclán. Domenchina pasa a ser secretario personal de Azaña en 1931. Ese mismo año, Ernestina publica La voz en el viento, prologado por Juan Ramón Jiménez.

Los años anteriores a la guerra civil fueron literariamente fructíferos para Ernestina y Juan José. Él publica sus poesías completas y ella su única novela, La casa de enfrente, y otro poemario, Cántico inútil.
En 1934, Gerardo Diego incluye poemas de Ernestina en su Antología poética española, segunda antología de lo escrito hasta entonces por la Generación del 27. Sólo dos mujeres más (Josefina de la Torre y Concha Méndez) comparten ese reconocimiento.

Hacia el exilio

En 1936, la guerra civil sacude el destino de Ernestina y también su palabra escrita: "El pueblo armado era como un niño con la escopeta cargada. Por otro lado, las más bajas pasiones, desatadas eran capaces de todo". Deja su pluma y trabaja en servicios sociales (guardería de niños, cocinera, hospital de sangre).

Ernestina y Juan José deciden casarse a principios de noviembre de ese año: la capital de España parece amenazada por un inminente avance del ejército sublevado y el gobierno de la República decide trasladarse a Valencia. La familia de Ernestina debe esconderse en la Embajada de Uruguay, mientras que la madre y otros parientes de Juan José les siguen.

En la capital levantina, Juan José es nombrado jefe del Servicio de Información (Ministerio de Propaganda), que edita boletines en seis idiomas con el fin de informar al mundo sobre la situación en España; se incluye un suplemento literario en el que colabora también Ernestina, que en 1938 escribe Mientras se muere, obra que destruirá por su contenido autobiográfico.

Las victorias del bando nacional les obligan a trasladarse a Barcelona y luego siguen al presidente Azaña en su camino hacia el exilio en Francia. En la frontera, los poetas dejan parte de sus libros para que puedan unirse a la expedición algunos más.

Los Domenchina son invitados por el escritor Alfonso Reyes a México, donde llegan el 1 de junio de 1939. En parecidas circunstancias viajan a América los poetas Emilio Prados, León Felipe o Luis Cernuda. Desde 1936 les había precedido Juan Ramón Jiménez, como agregado cultural de la Embajada española en Estados Unidos.

México, su segunda patria

Así como son muy distintas la obra poética de Ernestina y la de Juan José, diversa fue su actitud ante el exilio. Ella supo no sólo adaptarse, sino amar su nueva patria; por el contrario, Juan José seguía mentalmente fijo en España, hecho que influyó decisivamente en su salud. Al poco de instalarse en México, les llega la noticia de la muerte de Azaña en Francia.

Mientras, Ernestina debe abrirse camino: colabora en revistas literarias (Las dos Españas, Rueca, Romance, Istmo), hace traducciones del inglés para la editorial Fondo de Cultura Económica, faceta menos conocida de su trayectoria, aunque para José Ángel Ascunce, Champourcin es "una de las traductoras más eximias de la lengua española en el presente siglo".
También trabaja como intérprete para conferencias internacionales.

Entre tanto, su marido, ya aquejado de un fuerte reumatismo, publica su Antología de la poesía española contemporánea (1900-1936) y trabaja como corrector de estilo en una editorial.

Entre los años 1948 y 1950, Ernestina visita a Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí; el poeta también sufre el exilio como Juan José, mientras su mujer da clases en la Universidad de Maryland. Durante esos viajes, el autor de Platero y yo redescubre a Ernestina algunos autores de la literatura anglosajona; la lectura de Thomas Merton, trapense, despertó en ella una fuerte inquietud espiritual, manifestada en su obra Presencia a oscuras (1952, primera escrita tras un paréntesis de 16 años). Un año antes, visitó a su familia en España; Juan José no pudo acompañarle porque, como ex secretario de Azaña, tenía una causa judicial abierta.

Redescubrir la fe

También en 1952 los Domenchina entran en contacto con el Opus Dei. Tanto Ernestina como Juan José tienen raíces familiares cristianas; sin embargo, el ambiente cultural y político en el que se movieron les había alejado de la práctica religiosa.
Ernestina frecuenta la iglesia de la Santa Veracruz, en pleno centro de México D.F.; su párroco, D. Ernesto Santillán, le pide colaboración para dar clases a grupos de mujeres del entorno, un barrio humilde en el que la miseria económica se une a la moral. La escritora sortea a borrachos y prostitutas para impartir sus charlas.

Según su amiga mexicana Mago Murillo, "Ernestina era consciente de que había recibido mucho de Dios y se sentía en deuda con los más necesitados". En ese ambiente descubre su llamada al Opus Dei, mientras su marido encuentra apoyo espiritual a través de un sacerdote de la Obra hasta su muerte en 1959. Juan José y Ernestina no tuvieron hijos.

Superado el dolor por el fallecimiento de Juan José, Ernestina no abandona su tarea literaria. Vive en un modesto apartamento de la calle Arquímedes, decorado con detalles de la artesanía mexicana que tanto admira, y allí organiza sesiones literarias para mujeres.
Publica varios libros de poemas: El nombre que me diste (1960), Cárcel de los sentidos (1964), Hai-kais espirituales (1967), Cartas cerradas (1968), Poemas del ser y del estar (1972). Además, en 1970 edita una antología poética titulada Dios en la poesía actual.
Para Ernestina todo poeta, de algún modo, se interroga sobre Dios con "un impulso desinteresado hacia la Perfección y la Belleza, una búsqueda de eternidad, de permanencia en el espíritu, de Esencia divina".

En mayo de 1970, el Fundador del Opus Dei visita México y Ernestina acude a uno de los encuentros con él; le acompaña un grupo de mujeres del barrio de la Santa Veracruz que han pedido la admisión en la Obra. Josemaría Escrivá dice a la poeta que sus versos le sirven para hacer oración, según testimonia Rosario Camargo, periodista y colega de Ernestina en la revista Gaceta.

Vuelta a Madrid

Dos años más tarde, Ernestina vuelve a España. Madrid ha cambiado mucho desde 1936, y a la poeta le cuesta adaptarse al ruido y a la prisa de la gente. Incluso considera un segundo exilio su vuelta a la capital de España.

La poeta sigue interesada por su quehacer literario, pero no quiere hablar de cuestiones políticas. También debe acostumbrarse a vivir con sus limitaciones físicas (sordera, falta de vista). No obstante, desde 1972 publica ocho libros de poemas y La ardilla y la rosa (1981), prosa de carácter autobiográfico en homenaje a Juan Ramón Jiménez.

Aunque ella nunca aspira a recibir un reconocimiento público, porque sólo le interesa la poesía, en 1989 es galardonada con el Premio Euskadi a la literatura en castellano; y al año siguiente con el Premio Prometeo.

Su figura sigue suscitando interés, y en los siguientes años, Arturo del Villar, el mejor conocedor de la obra de Ernestina, recuerda su aportación literaria. Julia Bernal y Rosa Sanz obtienen el doctorado en Filología por sus respectivas tesis sobre aspectos de la vida y obra de Ernestina de Champourcin en las Universidades Complutense de Madrid y de Oviedo. Además, en 1993 recibe un homenaje en el Ateneo de Madrid.

El 27 de marzo de 1999 muere en la capital de España, a los 93 años, haciéndose eco de sus propias palabras:

"Yo creo que morir es estar
es estarse por fin en lo absoluto, 
en lo definitivo... 
Morir es una rosa 
que se nos da de balde, 
un perfume cuajado 
en un amor para siempre"
(Primer exilio, 1978)

4 comentarios:

  1. Cuando llego a tu blog encuentro tantas maravillas que mi alma se "esponja". Y hoy, ayer ya vine, vuelvo de nuevo para recrearme. Me encanta el poema final.
    A la vez que leo, miro los enlaces y ¡claro!, llegué a Thomas Merton, mejor dicho, descubrí a Thomas Merton, porque no lo conocía. Y aquí me tienes mirando poco a poco; cuando puedo regreso.
    ¡¡¡Gracias!!! por lo que nos cuentas de Ernestina, cada vez encuentro más matices esenciales para comprender sus poemas, como su relación con el Opus Dei. ¿Por qué no le gustaría llamarse poetisa?; y gracias por todo lo que nos descubres. No sabes bien cuanto he disfrutado,y espero disfrutar...
    Aquí te dejo algunas páginas que voy mirando sobre Thomas Merton, que seguro ya conoces, pero por si acaso no es así:

    http://eprints.ucm.es/tesis/fll/ucm-t27037.pdf

    http://es.scribd.com/doc/23769040/Merton-Thomas-Escritos-Esenciales

    http://www.autorescatolicos.org/prudenciolopez06.pdf

    Un beso.

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    1. Rosa, me alegro mucho de lo que dices. La verdad es que yo también estoy descubriendo ahora a Ernestina. No he leído ningún libro suyo, y estoy deseando hacerlo. Me parece una mujer muy interesante de la que se sabe poco. Es una pena que se la silencie sólo por sus creencias religiosas, cuando ya se ve que era una persona bastante libre y moderna para su época. El simple hecho de exiliarse de España ya me ganó. Seguro que yo también lo habría hecho si me hubiese tocado vivir la dictadura (pero evitemos meternos en política...).

      Respecto a Merton, también es un desconocido para mí, aunque hace años que me lo encuentro en blogs y leo referencias suyas. Indagaré en los enlaces que pones, que desconocía.

      ¡Muchas gracias!
      Besos.

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  2. Gracias por vistar y seguir Gaudiumlux, así hemos podido conocer este espacio espiritual. Dios bendiga este lindo blog. Bendiciones.

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    1. Muchísimas gracias, E. Baregó. Que Dios le bendiga.

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