viernes, 14 de octubre de 2016

Teresa, la de Ávila

Influencia de santa Teresa en el modo de escribir del fundador del Opus Dei, en varios puntos de Camino en los que cita a la santa de Ávila. 

Voluntad. —Energía. —Ejemplo. —Lo que hay que hacer, se hace... Sin vacilar... Sin
François Gérard.
miramientos... Sin esto, ni Cisneros hubiera sido Cisneros; ni Teresa de Ahumada, Santa Teresa...; ni Iñigo de Loyola, San Ignacio... ¡Dios y audacia! —"Regnare Christum volumus!" 
Camino, 11. 

Hombre libre, sujétate a voluntaria servidumbre para que Jesús no tenga que decir por ti aquello que cuentan que dijo por otros a la Madre Teresa: "Teresa, yo quise... Pero los hombres no han querido". Camino, 761 

Niño audaz, grita: ¡Qué amor el de Teresa! —¡Qué celo el de Xavier! —¡Qué varón más admirable San Pablo! —¡Ah, Jesús, pues yo... te quiero más que Pablo, Xavier y Teresa! 
Camino, 874.

No pidas a Jesús perdón tan sólo de tus culpas: no le ames con tu corazón solamente... Desagráviale por todas las ofensas que le han hecho, le hacen y le harán..., ámale con toda la fuerza de todos los corazones de todos los hombres que más le hayan querido. Sé audaz: dile que estás más loco por El que María Magdalena, más que Teresa y Teresita..., más chiflado que Agustín y Domingo y Francisco, más que Ignacio y Javier. 
Camino, 402.

De San José dice Santa Teresa, en el libro de su vida: "Quien no hallare Maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro, y no errará en el camino". —El consejo viene de alma experimentada. Síguelo
Camino, 561.

Una mala noche, en una mala posada. —Así dicen que definió esta vida terrena la Madre Teresa de Jesús. —¿No es verdad que es comparación certera? 
Camino, 703 

Despacio. —Mira qué dices, quién lo dice y a quién. —Porque ese hablar de prisa, sin lugar para la consideración, es ruido, golpeteo de latas. Y te diré con Santa Teresa, que no lo llamo oración, aunque mucho menees los labios. 
Camino, 85.

jueves, 6 de octubre de 2016

Dejar obrar a Dios

Artículo del cardenal Ratzinger, publicado en el diario L'Osservatore Romano el 6-X-2002, con ocasión de la canonización de Josemaría Escrivá.


Siempre me ha llamado la atención el sentido que Josemaría Escrivá daba al nombre Opus Dei; una interpretación que podríamos llamar biográfica y que permite entender al fundador en su fisonomía espiritual. Escrivá sabía que debía fundar algo, y a la vez estaba convencido de que ese algo no era obra suya: él no había inventado nada: sencillamente el Señor se había servido de él y, en consecuencia, aquello no era su obra, sino la Obra de Dios. Él era solamente un instrumento a través del cual Dios había actuado.

Al considerar esta actitud me vienen a la mente las palabras del Señor recogidas en el evangelio de San Juan 5,17: “Mi Padre obra siempre”. Son palabras pronunciadas por Jesús en el curso de una discusión con algunos especialistas de la religión que no querían reconocer que Dios puede trabajar en el día del sábado. Un debate todavía abierto y actual, en cierto modo, entre los hombres –también cristianos- de nuestro tiempo. Algunos piensan que Dios, después de la creación, se ha “retirado” y ya no muestra interés alguno por nuestros asuntos de cada día. Según este modo de pensar, Dios no podría intervenir en el tejido de nuestra vida cotidiana; sin embargo, las palabras de Jesucristo nos indican mas bien lo contrario. Un hombre abierto a la presencia de Dios se da cuenta de que Dios obra siempre y de que también actúa hoy; por eso debemos dejarle entrar y facilitarle que obre en nosotros. Es así como nacen las cosas que abren el futuro y renuevan la humanidad.

San Josemaría retratado por Leonardo Luque

Todo esto nos ayuda a comprender por qué Josemaría Escrivá no se consideraba “fundador” de nada, y por qué se veía solamente como un hombre que quiere cumplir una voluntad de Dios, secundar esa acción, la obra –en efecto- de Dios. En este sentido, constituye para mí un mensaje de gran importancia el teocentrismo de Escrivá de Balaguer: está en coherencia con las palabras de Jesús esa confianza en que Dios no se ha retirado del mundo, porque está actuando constantemente; y en que a nosotros nos corresponde solamente ponernos a su disposición, estar disponibles, siendo capaces de responder a su llamada. Es un mensaje que ayuda también a superar lo que puede considerarse como la gran tentación de nuestro tiempo: la pretensión de pensar que después del big bang, Dios se ha retirado de la historia. La acción de Dios no “se ha parado” en el momento del big bang, sino que continúa en el curso del tiempo, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de los hombres.

El fundador de la Obra decía: yo no he inventado nada; es Otro quien lo ha hecho todo; yo he procurado estar disponible y servirle como instrumento. La palabra y toda la realidad que llamamos Opus Dei está profundamente ensamblada con la vida interior del Fundador, que aun procurando ser muy discreto en este punto, da a entender que permanecía en diálogo constante, en contacto real con Aquél que nos ha creado y obra por nosotros y con nosotros. De Moisés se dice en el libro del Éxodo (33,11) que Dios hablaba con él “cara a cara, como un amigo habla con un amigo”. Me parece que, si bien el velo de la discreción esconde algunas pequeñas señales, hay fundamento suficiente para poder aplicar muy bien a Josemaría Escrivá eso de “hablar como un amigo habla con un amigo”, que abre las puertas del mundo para que Dios pueda hacerse presente, obrar y transformar todo.


 
En esta perspectiva se comprende mejor qué significa santidad y vocación universal a la santidad. Conociendo un poco la historia de los santos, sabiendo que en los procesos de canonización se busca la virtud “heroica” podemos tener, casi inevitablemente, un concepto equivocado de la santidad porque tendemos a pensar: “esto no es para mí”; “yo no me siento capaz de practicar virtudes heroicas”; “es un ideal demasiado alto para mí”. En ese caso la santidad estaría reservada para algunos “grandes” de quienes vemos sus imágenes en los altares y que son muy diferentes a nosotros, normales pecadores. Esa sería una idea totalmente equivocada de la santidad, una concepción errónea que ha sido corregida – y esto me parece un punto central- precisamente por Josemaría Escrivá.

Virtud heroica no quiere decir que el santo sea una especie de “gimnasta” de la santidad, que realiza unos ejercicios inasequibles para las personas normales. Quiere decir, por el contrario, que en la vida de un hombre se revela la presencia de Dios, y queda más patente todo lo que el hombre no es capaz de hacer por sí mismo. Quizá, en el fondo, se trate de una cuestión terminológica, porque el adjetivo “heroico” ha sido con frecuencia mal interpretado. Virtud heroica no significa exactamente que uno hace cosas grandes por sí mismo, sino que en su vida aparecen realidades que no ha hecho él, porque él sólo ha estado disponible para dejar que Dios actuara. Con otras palabras, ser santo no es otra cosa que hablar con Dios como un amigo habla con el amigo. Esto es la santidad.

Paul Alexandre Alfred Leroy: Jesús en casa de Marta y María.

Ser santo no comporta ser superior a los demás; por el contrario, el santo puede ser muy débil, y contar con numerosos errores en su vida. La santidad es el contacto profundo con Dios: es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el Único que puede hacer realmente que este mundo sea bueno y feliz. Cuando Josemaría Escrivá habla de que todos los hombres estamos llamados a ser santos, me parece que en el fondo está refiriéndose a su personal experiencia, porque nunca hizo por sí mismo cosas increíbles, sino que se limitó a dejar obrar a Dios. Y por eso ha nacido una gran renovación, una fuerza de bien en el mundo, aunque permanezcan presentes todas las debilidades humanas.

Verdaderamente todos somos capaces, todos estamos llamados a abrirnos a esa amistad con Dios, a no soltarnos de sus manos, a no cansarnos de volver y retornar al Señor hablando con Él como se habla con un amigo sabiendo, con certeza, que el Señor es el verdadero amigo de todos, también de todos los que no son capaces de hacer por sí mismos cosas grandes.

Por todo esto he comprendido mejor la fisonomía del Opus Dei: la fuerte trabazón que existe entre una absoluta fidelidad a la gran tradición de la Iglesia, a su fe, con desarmante simplicidad, y la apertura incondicionada a todos los desafíos de este mundo, sea en el ámbito académico, en el del trabajo ordinario, en la economía, etc. Quien tiene esta vinculación con Dios, quien mantiene un coloquio ininterrumpido con Él, puede atreverse a responder a nuevos desafíos, y no tiene miedo; porque quien está en las manos de Dios, cae siempre en las manos de Dios. Es así como desaparece el miedo y nace la valentía de responder a los retos del mundo de hoy.

lunes, 18 de julio de 2016

Saber vestir

Vivimos tiempos convulsos. La crisis económica hunde sus raíces en una profunda crisis de valores. La dignidad de la persona es pisoteada, y muchas veces, sin quererlo, podemos contribuir a ello. No se concede importancia a los buenos modales que, sin caer en la cusilería, facilitan la vida a quienes nos rodean.

Saber hablar con propiedad, dirigirse a los mayores con respeto y delicadeza son cosas que se echan de menos. Y el modo en que vestimos no queda atrás. Nos hemos acostumbrado a que todo vale, sin distinguir que cada evento o situación requiere un mínimo de sentido común a la hora de presentarnos.

Dice el rafrán que "el hábito no hace al monje", y en muchas ocasiones es así. Pero también el modo en que nos presentamos ante los demás dice mucho de nosotros, de lo que llevamos dentro.

Hasta no hace mucho, eran las madres las que nos explicaban que no se viste una igual para ir a la playa que para un cóctel; para ir a clase o para salir con los amigos. Y por supuesto, que un acto religioso en una Iglesia requiere un atuendo adecuado y respetuoso. Por los demás, y porque el que preside ese acto es el mismo Dios.

Pero ese sentido común parece haberse perdido muchas veces en la actualidad, y nos encontramos cono casos como el que ahora podréis leer, en que un señor Obispo tiene que recordar y explicar lo que a muchas nos explicaron nuestras madres y abuelas y que nos parecía lo más normal del mundo:

(Fuente: ACI/EWTN Noticias)

El Obispo de Solsona y el más joven de España, Mons. Xavier Novell, pidió a los fieles, de manera especial a las mujeres, vestir con decoro al asistir a Misa ya que no es adecuado ir con "vestimenta extrema" a la Iglesia, que es un lugar sagrado. 

En una Misa en la que el Prelado celebró el sacramento de la Confirmación, tres de las muchachas que recibieron el Sacramento asistieron vestidas con minifalda, por lo que el Obispo, al término de la Eucaristía habló con ellas y les explicó sobre su inadecuada forma de vestir. 

En ese sentido, lamentó que, a diferencia de otros países, donde ya está estipulado que no se puede entrar a la iglesia "como si fuéramos a la playa o a cualquier otro lugar", en España "no nos atrevemos a decirlo porque si lo hacemos parece que salimos de las catacumbas de la época franquista, mientras que, si vestimos adecuadamente, todos estamos más cómodos". 
Ante ello, su propósito es "hacer entender con pedagogía y delicadeza" a las mujeres, la importancia de vestirse con pudor, sobre todo al asistir a una celebración eucarística. 

La Real Academia de la Lengua define la palabra pudor como modestia y recato, y como sinónimo de decoro, que, a su vez, significa la "reverencia que se debe a una persona por su nacimiento o dignidad". 

No es la primera vez que Mons. Novell advierte sobre el respeto y reverencia que se debe tener al asistir a la Iglesia. Es así que en varias ocasiones ha pedido a los fieles que "se tapen" cuando ha creído que no vestían de forma correcta. 
Mencionó el caso de otra confirmación "donde había tres chicas con escotes excesivos a quien pedí: escuchad, ¿por qué no os ponéis algún suéter ligero? Y, efectivamente, se le pusieron y ningún problema. La gente eso lo ve y hay fieles que lo agradecen", señaló. 

En Inglaterra una joven diseñadora católica, Helena Machin, que trabaja para importantes clientes en la ciudad de Londres, sigue los consejos del Obispo y promueve que las mujeres vistan femeninas y con decoro. "Quiero invertir algo de mi tiempo y amor (…) permitirles abrazar la femineidad con ropa decorosa y atractiva, ya que al hacerlo logran alcanzar todo el potencial que Dios les ha dado", explicó. 


sábado, 2 de julio de 2016

Buen humor

Fuente: www.primeroscristianos.com 

Oración de santo Tomás Moro pidiendo el buen humor 
y la gracia de comprender las bromas. 

"Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es lo mejor" 

A muchos cristianos les cuesta rezar porque creen que se trata de repetir cansinamente una serie de fórmulas hechas. Sienten una separación entre lo que dicen y sus sentimientos y preocupaciones diarias. Les gustaría hablar con Dios de sus asuntos cotidianos, más sencillos, más simplemente, con sus palabras.
Les proponemos la oración de Santo Tomás Moro, un hombre que supo orar con sencillez, con realismo, con alegría e incluso con sentido del humor. 
Tomás Moro fue Lord canciller de Inglaterra, intelectual de fama europea, casado dos veces y padre de familia, era reconocida su fama de juez honrado y valiente, en defensa de los intereses de los más humildes. 
Por no aceptar el divorcio del rey Enrique VIII y su declaración como cabeza de la Iglesia fue ajusticiado el 7 de julio de 1535 en Londres. 
Suya es esta plegaria singular, una oración para pedir buen humor. El Papa Francisco hace unos meses nos reveló que todos los días reza la oración de Santo Tomás Moro, y que “le va bien”. Decía así el Papa

“El apóstol debe esforzarse por ser una persona educada, serena, entusiasta y alegre, que transmite alegría allá donde esté. Un corazón lleno de Dios es un corazón feliz que irradia y contagia la alegría a cuantos están a su alrededor: se le nota a simple vista. No perdamos, pues, ese espíritu alegre, lleno de humor, e incluso autoirónico, que nos hace personas afables, aun en situaciones difíciles. ¡Cuánto bien hace una buena dosis de humorismo! Nos hará bien recitar a menudo la oración de santo Tomás Moro: yo la rezo todos los días, me va bien”.

ORACION PIDIENDO EL BUEN HUMOR 

Señor, dame salud del cuerpo y, con ella, el sentido común necesario para conservarla lo mejor posible. 
Dame un alma santa, Señor, que mantenga ante mis ojos todo lo que es bueno y puro, para que a la vista del pecado no se turbe, sino que sepa encontrar los medios para poner orden en todas las cosas. 
Dame un alma ajena a la tristeza, que no conozca refunfuños, ni suspiros, ni lamentos. 
Y no permitas que esta cosa que se llama “yo”, y que siempre tiende a dilatarse, me preocupe demasiado. Dame, Señor, sentido del humor. 
Dame la gracia de comprender una broma, para lograr un poco de felicidad en esta vida y saber regalarla a los demás. Así sea.

John Rogers Herbert: Tomás Moro y su hija Margaret, 1844